viernes, 1 de noviembre de 2013

Estrategias individuales de prevención e intervención del Bournout


El Burnout o “docente quemado” es una amenaza para todos los enseñantes, debemos preocuparnos, de ser posible por prevenirlo. Algunas estrategias a usar están en el plano individual, como algunas conductuales, fisiológicas o cognitivas. En los siguientes párrafos tenemos una explicación de las mismas.  


El estrés es el origen del 50% de las bajas laborales en la Unión Europea y la segunda causa, alcanzando cifras epidémicas que afectan anualmente a cuarenta millones de trabajadores, suponiendo un coste económico de 20,000 millones de euros, sin contar los costes sociales en rendimiento y en salud.

En los últimos veinte años el término "burnout" ha sido motivo de dudas, estudios e investigaciones de muy diversa índole. Burnout es un término anglosajón cuya traducción más próxima es "estar quemado por el trabajo" desgastado y exhausto. Es un concepto que introdujo Freudenberger para describir el cansancio físico y emocional que afectaba a los voluntarios de una clínica de desintoxicación. Más tarde, el término fue difundido y consolidado por Maslach y Jackson quienes consideraron que el burnout era un síndrome tridimensional derivado de un estrés emocional crónico cuyos rasgos principales son cansancio físico y/o psicológico, junto con la sensación de no poder dar más de sí mismo (agotamiento emocional), una actitud fría y despersonalizada en relación con los demás (despersonalización) y un sentimiento de inadecuación al puesto de trabajo y a las tareas que el afectado desarrolla con bajo logro personal y profesional.

Desde la perspectiva psicosocial, el síndrome de "quemazón" por el trabajo no debe identificarse con el estrés psicológico, sino que ha de entenderse como una respuesta a las fuentes de estrés crónico que surgen de las relaciones entre los usuarios de los servicios asistenciales (pacientes, alumnos, clientes, etc.) y los profesionales que les atienden (médicos, profesores, policías, abogados, etc.), es decir, como un proceso de interacción entre el contexto laboral y las características de la persona. Hay acuerdo generalizado en que las profesiones más predispuestas a desarrollar el burnout son aquéllas relacionadas con las ocupaciones asistenciales o de ayuda, en las que se tiene contacto frecuente y directo con personas a las que se atiende y ofrece servicio asistencial.

El síndrome de "quemazón" por el trabajo comprende una serie de alteraciones físicas, conductuales y emocionales que tienen su origen en factores individuales, laborales y sociales y que se pueden agrupar en cuatro áreas que abarcan síntomas psicosomáticos, conductuales, emocionales y defensivos.

Han sido muchos los trabajos que se han gestado en torno al fenómeno del burnout en los profesionales asistenciales; sin embargo, centraremos nuestra revisión en la prevalencia del síndrome en los profesionales de la educación. Numerosos autores a lo largo de los últimos años lo han analizado y han defendido la necesidad de investigarlo  y todos han podido constatar que el síndrome no es cuestionable en el caso de la docencia, ya que en estas profesiones se producen problemas somáticos y psicológicos que dañan significativamente la ejecución profesional y afectan las relaciones con los alumnos y la calidad de la enseñanza.

El síndrome de "quemazón" por el trabajo ocupa un lugar destacado y prioritario en la investigación básica; sin embargo, el abordaje terapéutico tiene menos resonancia y faltan investigaciones aplicadas. El objetivo que nos proponemos en este trabajo es revisar las estrategias que han demostrado tener mayor eficacia en su prevención y en su tratamiento. Por el momento, no existen medidas paliativas ni terapéuticas efectivas para hacer frente al estrés y al burnout de los profesionales asistenciales y, en particular, de los que se dedican a la enseñanza. Los profesores con burnout no rinden adecuadamente y su presencia empeora la calidad de la enseñanza. Estas razones nos han movido a ofrecer, a través de un proyecto de investigación, el diseño y la aplicación de un programa de prevención e intervención en el estrés del docente, que al final de este artículo vamos a describir.

Estrategias de prevención e intervención Generalmente, los trabajos de investigación que han estudiado el burnout se han centrado en su descripción, en la delimitación de las variables facilitadoras, en la descripción de las consecuencias del síndrome o bien en el análisis estadístico de los instrumentos de medida del mismo.

Alvarez y Fernández clasifican en dos categorías los distintos estudios revisados en su trabajo sobre la prevención y el tratamiento del burnout: la prevención primaria, que engloba aquellos estudios que aportan propuestas sobre aspectos que han demostrado experimentalmente ser relevantes para prevenir el síndrome, y la secundaria, que engloba estudios que comparan técnicas de intervención.

Otros autores han concluido que la forma más eficaz de enfocar la prevención y el tratamiento del burnout se orienta hacia la intervención tanto a nivel individual o personal como social y organizacional.

Estrategias individuales
Los profesores pueden afrontar la situación y sus consecuencias poniendo en práctica ciertas habilidades y estrategias útiles. De hecho, constituye un planteamiento preventivo y de tratamiento el fomentar y promover la obtención de algunas estrategias que aumenten la capacidad de adaptación del individuo a las fuentes de estrés laboral. La capacidad de adaptación y el afrontamiento constituyen una función de múltiples factores personales.

Lazarus y Folkman han divulgado el uso de las estrategias de coping y los esfuerzos tanto conductuales como cognitivos que realiza el individuo para dominar, reducir o tolerar las exigencias creadas por las transacciones estresantes. Afirman que las respuestas de afrontamiento pueden ser adaptativas, al reducir el estrés y promover estados de salud a largo plazo, o de inadaptación, en cuyo caso aunque pueden reducir el estrés a corto plazo pueden tener consecuencias graves a largo plazo. En esta misma línea, Labrador y Sandín han puesto de manifiesto que la tensión se puede controlar bien sea modificando directamente la activación fisiológica inicial y su mantenimiento, o modificando los efectos que los pensamientos, las situaciones o las conductas tienen sobre ella.

En la bibliografía revisada hemos encontrado algunas clasificaciones de estrategias individuales para la prevención y el tratamiento del estrés laboral y el burnout, y algunas comparaciones entre los beneficios de cada una de ellas. En este sentido, Ivancevich y Matteson hacen una clara distinción entre los entrenamientos dirigidos a la adquisición de estrategias instrumentales para afrontar el estrés y aquellos encaminados a la adquisición de destrezas para el manejo de las emociones. Entre los primeros, destacan por su efectividad el entrenamiento en solución de problemas y el entrenamiento en asertividad y en manejo eficaz del tiempo.

Buendía y Ramos han diferenciado entre las actividades dirigidas a la adquisición de estrategias de carácter paliativo y las dirigidas a la adquisición de estrategias instrumentales, mientras que Gil-Monte y Peiró han señalado que el empleo de estrategias centradas en el problema previene el desarrollo del síndrome y que las estrategias de evitación-escape, centradas en la emoción, facilitan su aparición. Nosotros hemos optado por clasificar las estrategias individuales en técnicas fisiológicas, conductuales y cognitivas.

Técnicas Fisiológicas
Están orientadas a reducir la activación fisiológica y el malestar emocional y físico provocado por las fuentes de estrés laboral. Entre otras, destacan las técnicas para la relajación física, el control de la respiración y el biofeeback.

En cuanto a las técnicas de control de respiración, Labrador explica que las situaciones estresantes provocan respiración rápida y superficial, lo que implica un aumento de la tensión general del organismo. Estas técnicas consisten en facilitar al individuo el aprendizaje de una forma apropiada de respirar para que en situaciones de estrés pueda controlar su respiración de forma automática lo que le permitirá una adecuada oxigenación del organismo.

Técnicas conductuales
El fin de estas técnicas es conseguir que la persona domine un conjunto de habilidades y competencias que le faciliten el afrontamiento de los problemas laborales. Entre ellas se encuentran el entrenamiento asertivo, el entrenamiento en habilidades sociales, las técnicas de solución de problemas y las técnicas de autocontrol.

Otros autores han destacado como medida general para prevenir el burnout el evitar una excesiva ingerencia en el trabajo y con los usuarios hacia los que se dirigen sus servicios. En esta línea, se ha recomendado tomar pequeños descansos durante el trabajo, aumentar las actividades reforzantes y buscar opciones de carácter positivo, como disfrutar de las actividades preferidas en los ratos de ocio.

También se ha señalado que algunos recursos como el dinero, el tener acceso a la información, a los servicios sociales y a los programas de entrenamiento, van a facilitar el manejo y la resolución de una situación laboral estresante.

Peiró opina que una dieta equilibrada, no fumar ni beber en exceso y no consumir excitantes ni fármacos psicoactivos son factores que mejoran el estado de salud y el sistema inmunológico, al mismo tiempo que modulan la respuesta de estrés laboral. De la misma manera, propone que el ejercicio físico aumenta la resistencia ante los efectos de dicho estrés.

Técnicas cognitivas
El abordaje cognitivo busca mejorar la percepción, la interpretación y la evaluación de los problemas laborales y de los recursos personales que realiza el individuo. Entre las técnicas cognitivas más empleadas destacan la desensibilización sistemática, la detención del pensamiento, la inoculación de estrés, la reestructuración cognitiva, el control de pensamientos irracionales, la eliminación de actitudes disfuncionales y la terapia racional emotiva.

Calvete y Villa investigaron la influencia de las creencias irracionales en los síntomas de estrés y burnout en una muestra de profesores de enseñanza secundaria. Los resultados revelaron que la asociación entre las creencias irracionales y los síntomas de estrés y de burnout es estadísticamente significativa.

Una investigación llevada a cabo por Rubio con orientadores de institutos de enseñanza secundaria demostró que existen relaciones significativas entre las actitudes disfuncionales y el burnout. En este trabajo hemos constatado que los docentes más afectados por los máximos niveles de burnout presentan más actitudes disfuncionales, manifiestan una desajustada necesidad de aprobación de los demás, miedo al fracaso y afán de perfeccionamiento. A partir de estos resultados, hemos propuesto que es indispensable entrenar al sujeto para que identifique el papel que juegan sus propias actitudes en el origen y persistencia de su estrés laboral.

Al revisar los factores causales del burnout, encontramos que el más citado es la escasa formación recibida en técnicas de autocontrol y en manejo del estrés.



Extraído de:
ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN DEL “BURNOUT”
EN EL ÁMBITO EDUCATIVO
Eloísa Guerrero Barona
Jesús Carlos Rubio Jiménez
Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal
Sistema de Información Científica

viernes, 25 de octubre de 2013

Diferencias del burnout con el estrés general, la fatiga, la depresión, el tedio y crisis generales


Al referirnos a “Constructos” decimos “Construcción teórica para resolver un problema científico determinado”. Creemos importante diferenciar al Burnout con otras construcciones ¿Qué lo diferencia del “Estrés general”? ¿Es lo mismo que la “fatiga física”? ¿O que el tedio? ¿Qué relación mantiene con la depresión? ¿O con determinadas crisis que aparecen en nuestra vida? ¿Cómo distinguirlos?


El concepto de Burnout ha dado lugar a muchas discusiones por la confusión que genera a la hora de diferenciarlo con otros conceptos, pero Shirom afirma que el Burnout no se solapa con otros constructos de orden psicológico. Centrándonos estrictamente en las diferencias del Burnout con otros conceptos psicológicos y psicopatológicos, se puede demostrar que este síndrome se diferencia del Estrés General, Estrés Laboral, Fatiga Física, Depresión, Tedio o Aburrimiento, Insatisfacción Laboral y Acontecimientos Vitales y Crisis de la Edad Media de la Vida; aunque se compartan algunos síntomas o procesos de evolución similares. Precisemos las diferencias.

1. Estrés general.
Entre Estrés General y síndrome de Burnout se distingue con facilidad pues el primero es un proceso psicológico que conlleva efectos positivos y negativos, mientras que el Burnout sólo hace referencia a efectos negativos para el sujeto y su entorno. Es evidente que el estrés general se puede experimentar en todos los ámbitos posibles de la vida y actividad del ser humano a diferencia del Burnout, que como la mayoría de los autores estiman, es un síndrome exclusivo del contexto laboral.

2. Fatiga física
Para diferenciar la Fatiga Física del síndrome de Burnout lo fundamental es observar el proceso de recuperación, ya que el Burnout se caracteriza por una recuperación lenta y va acompañada de sentimientos profundos de fracaso mientras que en la fatiga física la recuperación es más rápida y puede estar acompañada de sentimientos de realización personal y a veces de éxito.

3. Depresión
Ya Oswin y Maher plantearon un solapamiento entre Depresión y Burnout, que fue objeto de estudio en adelante. McKight y Glass demostraron a partir de investigaciones empíricas que los patrones de desarrollo y etiología eran distintos, aunque los dos fenómenos pueden compartir algunas sintomatologías. Se ha confirmado que la depresión tiene una correlación significativa con el Cansancio Emocional, pero no con las otras dos dimensiones del Burnout como son la baja realización personal y la despersonalización o cinismo. Uno de los síntomas más destacados de la depresión es el sentimiento de culpa, mientras que en el Burnout los sentimientos que predominan son la cólera o la rabia. Aunque por otro lado, encontramos que Feudenberg considera que la depresión es uno de los síntomas más característicos del Burnout. La teoría de COR  sugiere que los síntomas de la depresión pueden emerger en una etapa posterior al Burnout, es decir cuando las pérdidas ascienden.

Apoyando la idea de éste último, Hätinen y cols. concluyen a partir de los diversos planteamientos revisados, que hay mayor aceptación en considerar a la depresión como una consecuencia negativa del Burnout.

4. Tedio o aburrimiento
Los términos Tedio o Aburrimiento han sido utilizados en diversas situaciones y se les ha dado diferentes significados. Por lo tanto, para explicar las diferencias con el síndrome de Burnout, es conveniente realizar un análisis según cada autor. Hallberg  distingue la diferencia de los términos en el proceso de desarrollo, planteando que cuando aumenta el agotamiento emocional, disminuye el tedio. Entonces, sería este proceso lo que lleva al trabajador a desarrollar el Burnout. Por el contrario, Faber limita el Burnout a las profesiones asistenciales y aplican el término de tedio o aburrimiento a los otros tipos de trabajos que no tienen características humanitarias. Pines & Krafy  concuerdan en que el Burnout es generado por repetidas presiones emocionales, mientras que el tedio o aburrimiento puede resultar de cualquier tipo de presión o falta de motivación o innovación en el ámbito laboral del sujeto, pero apoyan que ambos términos son equivalentes cuando el fenómeno es consecuencia de la insatisfacción laboral.

5. Acontecimientos vitales y crisis de la edad Media de la vida
La crisis de la edad media de la vida del sujeto se diferencia del Burnout porque tal crisis se puede desencadenar cuando el profesional hace un balance negativo de su posición y desarrollo laboral y, sin embargo, el Burnout se da con mayor frecuencia en los jóvenes que se han incorporado recientemente en su nuevo empleo; porque éstos no suelen estar preparados para afrontar los conflictos emocionales que se les presentan desde el exterior.

Así pues, de los múltiples estudios empíricos realizados se pueden extraer, de forma global, dos posturas ante la conceptualización del Burnout. Por un lado, algunos plantean que la falta de acuerdo en la conceptualización del Burnout y las dificultades para diferenciar nítidamente el síndrome siguen obstaculizando la investigación, pues el problema de la imprecisión y ambigüedad del concepto le hacen ocultarse bajo el más amplio del estrés. Un ejemplo, según expone Garcés de Los Fayos, es el hecho de que mientras Meier afirma que el constructo Burnout cumple los criterios de validez convergente y discriminante, Moreno, Oliver y Aragoneses demuestran que la validez del constructo es susceptible de diversas críticas en cuanto a métodos y definiciones imprecisas. En este sentido, Davidoff plantea que quizás se esté utilizando un nuevo término para definir antiguos problemas, ya que el Burnout tiene una gran semejanza con otros constructos. Así y todo, en la actualidad, hay coincidencia en considerar el Burnout como un síndrome con identidad propia.

En lo que aquí nos interesa, para diferenciarlo de otros constructos es imprescindible tomar en cuenta su multidimensionalidad, su relación con variables antecedentes- consecuentes y su proceso de desarrollo progresivo y continuo; suponiendo éste último la interacción secuencial de variables emocionales (CE y DP), cognitivas (RP) y actitudinales (DP) dentro de un contexto laboral.




Extraído de:
Martínez Pérez, Anabella (2010). El síndrome de Burnout. Evolución conceptual y estado actual de la cuestión. Vivat Academia. nº 112. Septiembre. 2010.

viernes, 18 de octubre de 2013

El síndrome de burnout en los docentes


¿Qué factores inciden en la aparición del síndrome de burnout en la docencia? ¿Qué estresores se pueden observar en el ámbito laboral docente? ¿Influyen en todos los docentes de la misma manera? ¿Qué diversos efectos podemos apreciar?
 


Existen múltiples estudios e investigaciones sobre el burnout en los docentes. En la literatura científica se han establecido diversas causas que contribuyen a la aparición y mantenimiento del burnout en el colectivo docente. En líneas generales se puede decir que estas son: los factores personales, como la falta de autoestima, el locus de control, la introversión, la tendencia a la neurosis etc., la relación directa con los alumnos, que tienen escasa motivación por el aprendizaje y problemas de disciplina, y finalmente los factores organizacionales, entre los que se pueden citar la escasez de recursos, la falta de reconocimiento profesional, el no tener apoyo de compañeros y directores, el exceso de trabajo y las presiones de tiempo.

Desde un primer momento se ha considerado que la autoestima o los rasgos de personalidad son factores personales cuya ausencia se asocia a la aparición y mantenimiento del burnout, pero más recientemente, la aparición del constructo de inteligencia emocional ha puesto de relieve la importancia que el conocimiento y la regulación de las emociones pueden tener en el bienestar social, personal y laboral de las personas. La inteligencia emocional es la capacidad para procesar la información que nos proporcionan las emociones, por lo que las personas emocionalmente inteligentes son aquellas que saben atender a las emociones que se originan en su entorno, comprenden las posibles causas y consecuencias de esas emociones y, en consecuencia, desarrollan estrategias para regularlas o manejarlas, por lo que este constructo influye en padecer o no y en afrontar de una mejor manera el burnout.

Otro concepto importante proveniente de la psicología positiva que estudia la capacidad de los trabajadores para ilusionarse con lo que hacen en sus tareas, este concepto recibe el nombre de “engagement” que se define como un estado motivacional positivo y persistente relacionado con el trabajo, e integrado por las dimensiones de vigor, dedicación y absorción, y en el que muchas investigaciones se han centrado en los últimos años. De esta manera, la dimensión de vigor, se refiere a la persistencia en la labor que se lleva a cabo a pesar de los contratiempos y dificultades, al igual que a los altos niveles de energía y al esfuerzo empleado, la de dedicación, hace referencia a altos niveles de entusiasmo, inspiración e implicación y a orgullo y reto en las tareas, y la dimensión de absorción, se refiere a altos niveles de concentración y de felicidad en el desarrollo de la actividad laboral.

En los últimos años ha habido numerosos autores que han analizado y defendido la necesidad de investigar el burnout en el profesorado, y todos han constatado que este no es cuestionable en el caso de la docencia, puesto que en estos profesionales que se dedican a la enseñanza se desarrollan problemas somáticos y psicológicos que dañan notablemente su labor académica y afectan de una manera importante a las relaciones con los alumnos y a la calidad de la enseñanza.

Hoy en día sabemos que el síndrome de burnout no es específico del profesorado pero existen diferentes estudios que demuestran que el burnout es un problema más importante en la profesión docente que en otras profesiones con similares demandas académicas y personales. Estudios realizados durante los últimos años muestran un elevado índice de burnout en el profesorado. El síndrome de burnout ocupa un lugar destacado y prioritario en la investigación básica, encontrando diversas investigaciones centradas en el colectivo docente tanto de primaria como en general. A continuación citaré varias conclusiones de estas investigaciones sobre las causas y consecuencias del burnout en los docentes de primaria y en el profesorado en general.

Arís recoge cuatro grupos de síntomas que caracterizan este síndrome de burnout en los profesores, estos son los conductuales, dándose problemas de relación con los demás y absentismo laboral, los emocionales, produciéndose un distanciamiento afectivo de las personas que tiene que atender, los defensivos con actitudes cínicas ante los alumnos y negación de emociones y los psicosomáticos con molestias gastrointestinales, cefaleas, insomnios y dolores musculares. Este síndrome hace que los profesores no rindan adecuadamente empeorando así la calidad de la enseñanza.

Según Esteve la escasez de instalaciones, las condiciones de trabajo y la falta de recursos materiales, influyen en el síndrome de burnout del docente. También Bogler recoge varios factores que influyen en la satisfacción y en las condiciones laborales de los profesores como la formación que estos poseen, la promoción profesional, los incentivos económicos que reciben y el reconocimiento social. Por otro lado Cordeiro, indica ciertas características que los docentes que padecen depresión e insatisfacción suelen presentar, que son las siguientes: suelen tener más de 50 años y estar separados, divorciados o viudos y llevar alrededor de 15 años ejerciendo la docencia como funcionarios propietarios definitivos, manifestando animadversión por su profesión y sin talante innovador .

Salanova se centra en las fuentes de estrés que los profesores consideran más importantes, las cuales son: la cantidad de trabajo, que llega a desbordarles, bien sea por exceso de tareas o por la falta de tiempo. La sobrecarga de carácter emocional, debida a la implicación a nivel personal con los alumnos, padres y sociedad en relaciones que pueden ser conflictivas. La ambigüedad, en el sentido de que el profesorado no tiene claro cuál es su rol como docente, y qué esperan de él no solamente el centro educativo si no también los alumnos, los padres y la sociedad en general. Otra fuente de estrés es el conflicto de rol o grado en el que el profesor percibe instrucciones contradictorias respecto a cuáles son sus cometidos laborales. También encontramos la falta de apoyo social no solamente por parte del centro si no también por parte de los compañeros. Otra fuente es la falta de coordinación entre los compañeros para llevar a cabo el trabajo en equipo. También influye la falta de disciplina, desmotivación y apatía que presentan los alumnos, y por último los obstáculos técnicos como averías en las instalaciones y problemas en el material didáctico.

Por otro lado Guerrero y Vicente indican un gran número de estresores que se dan en el ámbito escolar como son la ambigüedad de rol, el nivel de participación en la toma de decisiones, las condiciones de trabajo, la desvalorización del contexto escolar, la evaluación de los docentes, la relación que tienen con el alumnado, la falta de promoción, el apoyo por parte de la organización, la autoestima, la orientación vocacional, la falta de disciplina, la apatía, los bajos resultados en las evaluaciones de los alumnos, los abusos físicos y verbales, la baja motivación del alumnado, las presiones temporales, la baja autoestima y estatus social, los conflictos con los compañeros, los cambios rápidos en las demandas curriculares, los sistemas de premios y la autonomía en el ejercicio de la actividad profesional entre otros.

Entre las variables que influyen en el síndrome de burnout en los docentes hay que tener muy presentes las relaciones personales y los conflictos interpersonales. Estas relaciones personales serían del docente con el alumnado, con los padres, con los compañeros y con la dirección del centro.

Otros factores a tener en cuenta son los organizativos, entre ellos los cambios rápidos y continuos que se producen en la educación, la mala distribución horaria y el estilo directivo, sin olvidarnos de los factores del propio individuo. Aparte de todas estas variables, debemos citar ciertas causas externas que provocan estrés como son falta de iluminación, falta de seguridad, temperaturas extremas y hacinamientos, aunque estos factores se tienen en cuenta en la prevención de riesgos laborales y pueden eliminarse fácilmente.

Salanova, Llorens y García-Renedo indican que también hay que tener en cuenta que por parte de un amplio sector de la población se espera del profesor que forme, oriente y eduque a los alumnos pero a la vez que ejerza, en muchas de las ocasiones, la función de los padres, por lo que esta responsabilidad junto con las elevadas exigencias cada vez más complejas tanto por los cambios y reformas de los planes de estudio y de la reestructuración del sistema educativo como por parte de los alumnos y familiares están convirtiendo la docencia en una profesión de alto riesgo para el desarrollo de ciertos síndromes. Por otro lado señalan que los síntomas que presenta el profesorado que padece burnout son: una baja motivación hacia el trabajo, el desarrollo de actitudes cínicas hacia los estudiantes y hacia el trabajo, agotamiento, malestar psicológico y sensación de baja competencia, que a largo plazo pueden llegar a provocar problemas de depresión y ansiedad llevando al profesorado a un bajo rendimiento en su trabajo, a absentismo laboral, a un mayor número de bajas laborales y a una disminución en la calidad de la enseñanza y consecuentemente en el aprendizaje del alumnado. Otro factor que también influye de una manera importante en el desarrollo del burnout es el alumnado, siendo los alumnos jóvenes con problemas conductuales y con baja motivación los que desencadenan el síndrome con mayor frecuencia en sus profesores.

Según Pines las consecuencias psicológicas que se dan en el profesorado que padece burnout son variadas, entre ellas están: aislamiento, autoculpa, actitudes negativas hacia uno mismo y hacia los demás, sentimientos de inferioridad e incompetencia, falta de autorrealización y baja autoestima. Moriana y Herruzo señalan como consecuencias personales problemas gastrointestinales, dolores de espalda y cuello, la incapacidad para desconectarse del trabajo, los problemas de sueño y el cansancio. Por otro lado Marrau nos indica un dato importante y es que no hay métodos que nos permitan realizar un diagnóstico de alteraciones orgánicas incipientes al igual que tampoco se puede conocer en qué grado la sobrecarga de trabajo supera el nivel de tolerancia del docente, debido a que cuando éste presenta problemas de salud no los adjudica directamente a su trabajo.

También hay que destacar que no todos los estresores influyen de igual manera en los docentes, ya que estos estresores están modulados por características personales, como la experiencia, la edad o la personalidad, el no dominar técnicas de relajación y respiración, el no disponer de técnicas de resolución de conflictos y de ciertas habilidades como la asertividad, la empatía, el control emocional o el optimismo, también los estresores están modulados por la falta de habilidades en la comunicación con los demás y por el nivel de inteligencia emocional, es decir por un conjunto de herramientas que el docente puede poseer o no. Existen otras características de la personalidad que también influyen en el desencadenamiento y desarrollo del burnout, como baja motivación, pocos recursos o deficientes estilos de afrontamiento, falta de empatía, predominio del locus de control externo, baja autoestima y autoconcepto, falta de autocontrol y autoeficacia, nivel de expectativas elevado y poco realista, disminución de una personalidad resistente y sentido de coherencia, patrón de conducta tipo A, tendencia a pensamientos irracionales, una personalidad caracterizada por la inestabilidad emocional y el neuroticismo.

Como estamos viendo el burnout en los docentes es un tema muy estudiado, en parte debido a que los profesores, no solamente de primaria si no de todos los niveles, tienen que hacer frente a demandas muy exigentes y a condiciones laborales que suponen una alta implicación emocional en su trabajo, por lo que el profesorado en su día a día a nivel laboral percibe un desequilibrio entre las demandas de su trabajo y los recursos personales y organizacionales que tiene, pudiendo llegar a desencadenar el síndrome de burnout a largo plazo.

Un nuevo marco conceptual dentro de las ciencias sociales, conocido como psicología positiva, mencionado brevemente anteriormente, ha proporcionado un enfoque innovador para analizar los recursos personales y actitudes positivas del trabajador. Su propósito es la consecución y mantenimiento del bienestar personal que conllevaría también el bienestar laboral. Este marco se centra en el análisis de las características de las personas que logran desarrollar un buen funcionamiento individual y colectivo en las organizaciones, ya que las personas tenemos diferentes estilos de pensamiento, competencias sociales y emocionales, sistemas de creencias y rasgos de personalidad que moderan el efecto negativo de los estresores organizacionales, llegando a aumentar o disminuir el impacto que el estrés laboral ejerce sobre la salud psicológica, social y física del individuo. Por lo que estas características personales pueden influir en gran medida en el desencadenamiento o no del burnout y en la sintomatología asociada que pueden padecer los docentes.

Teniendo en cuenta lo anterior diversas investigaciones muestran que los recursos personales del profesor juegan un papel importante en la explicación de sus niveles de estrés laboral por lo que a continuación las expondré junto con los principales recursos personales individuales en relación con el síndrome de burnout y con el bienestar de los docentes. Uno de estos recursos personales es la autoestima, que es un proceso afectivo autoevaluativo en el que la persona realiza una valoración positiva de sí misma. Las investigaciones al respecto relacionan bajos niveles de autoestima con las tres dimensiones del burnout, pudiendo ser esta un síntoma asociado a su desarrollo o un antecedente del síndrome. Otro de los recursos personales es la autoeficacia percibida, que es el conjunto de creencias que tiene cada persona de las propias capacidades de planificación y la puesta en práctica de cursos de acción que se necesitan para alcanzar objetivos propuestos. En varias investigaciones la autoeficacia percibida ha mostrado su potencial predictivo en el desarrollo del síndrome de burnout y específicamente en el colectivo docente. El optimismo disposicional es otro de los recursos personales con los que puede contar el profesor y este se define como las expectativas generalizadas hacia la ocurrencia de resultados positivos en el futuro. Varias investigaciones señalan un menor riesgo de padecer síntomas de burnout en las personas más optimistas. Dentro de los recursos personales encontramos las habilidades emocionales y más concretamente la inteligencia emocional que es una habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las emociones propias y las de otras personas. Varios estudios han comprobado que los trabajadores con mayores habilidades emocionales tienen menores niveles del síndrome de burnout. Aunque hay que señalar que existe un debate sobre la validez de este constructo y su aportación a la literatura psicológica ya conocida por lo que se demanda que las investigaciones empíricas en el ámbito de la IE controlen el grado de influencia que tienen otros factores psicológicos en las dimensiones de salud y bienestar general para verificar que los resultados a los que se llega se deben a estas nuevas dimensiones emocionales y no a un posible solapamiento con otros constructos similares.

Teniendo en cuenta todo lo mostrado anteriormente se puede decir que las causas del síndrome burnout son variadas, que influyen muy diversos factores como son los personales, organizacionales y sociales, en la aparición y desarrollo de este; que hay un gran interés en el estudio del síndrome en la población docente tanto de primaria como de otros niveles ya que es una de las profesiones en las que más se da el burnout; y que presenta consecuencias de muy diferente índole como son personales, sociales, económicas y profesionales que en el caso del docente se traducen en evitación del trabajo, absentismo, falta de compromiso en el trabajo e incluso al abandono de la profesión, todo esto influyendo en el rendimiento académico del alumnado. Pudiendo presentar también consecuencias psicosomáticas como alteraciones cardiorrespiratorias, trastornos del sueño y vértigos, conductuales entre ellas conductas adictivas y conflictos interpersonales, emocionales como distanciamiento afectivo y también alteraciones mentales presentando agotamiento, fracaso y pobre realización personal.


Extraído de:
La prevención y el afrontamiento del síndrome de burnout en los docentes de Educación Primaria
Autor: Francisco Andrés Tudela Carrillo
Universidad Internacional de La Rioja Facultad de Educación
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