jueves, 2 de febrero de 2017

DOMINAR LA COMUNICACIÓN NO VERBAL DE LOS ALUMNOS DISMINUYE EL ESTRÉS DEL PROFESOR

Se ha constatado que las situaciones comunicativas se influencian los sentimientos de los receptores a través de un 55% de comunicación no verbal, un 32% de voz y un 7% de contenido. El trabajo del docente en el aula implica una gran transmisión de contenido y pese a que los contenidos ocupan una gran parte del proceso de comunicación dentro de la clase, es importante observar cómo se comparten estos contenidos, con qué emoción o cómo acompaña el cuerpo a la transmisión de ese conocimiento. De hecho, los maestros que suelen ser más significativos para los alumnos suelen mostrar pasión por la asignatura que imparten y dominio de la comunicación total entre voz, contenido y cuerpo (Riart, Arís y Martorell, 2012).

Por ello, el docente tiene que ser capaz de utilizar todas sus capacidades como comunicador, lo cual implica una correcta utilización del cuerpo. Esto permite mantener a los alumnos atentos y tener un mayor control de la clase. Cuando estamos actuando delante del aula, toda nuestra comunicación debe dirigirse a un mismo punto, razón por la cual, el discurso que trasmitimos debe ser coherente desde un punto de vista emocional, corporal, visual, cenestésico e incluso a nivel de indumentaria (color, aroma, forma, etc.) (Riart, Arís y Martorell, 2012).
Desde el punto de vista del emisor, existen cinco puntos mágicos: la cara, las manos, el cuerpo, los pies y el entorno de la voz. Saber cómo emplear estas partes del cuerpo para mejorar la comunicación puede ser muy útil para aumentar la propia seguridad y, en consecuencia, reducir el estrés (Riart, Arís y Martorell, 2012)
Comunicación no verbal en alumnos
Hay que considerar que, dentro del aula, no es solo el cuerpo del docente el que está emitiendo comunicación no verbal (CNV) de forma permanente, sino que el alumnado es uno de los grandes emisores de comunicación no verbal y de manera involuntaria, da al docente una información muy valiosa. No se debe desaprovechar esta información, ya que es muy valiosa, razón por la cual, debe procesarse, interpretarse y aplicarse. En este sentido, un buen orador es el que adapta su discurso al público y es, además, capaz de modificarlo en función a las respuestas que recibe por parte de los asistentes (Riart, Arís y Martorell, 2012).
Detectar la CNV del alumnado es complejo y requiere de concentración. Para ello, hay que entrenar capacidades de percepción para conseguir ver más allá de lo que el alumnado está dejando ver. Se deben buscar gestos que se centran especialmente en el espacio, los brazos, las piernas, las manos y la interacción de las manos con la cara. Según Haggard e Isaacs (1966), las expresiones que duran un micro momento se emplean como indicadores de sentimientos que están viviendo los alumnos. Gracias a Ekman y Friesen (1976), el concepto evolucionó hasta llegarse a hablar de micro expresiones. Una micro expresión es un principio de expresión que se realiza en una vigésimo quinta parte de segundo, en donde diferentes músculos de la cara efectúan un movimiento que se traduce en la emoción que está viviendo el sujeto. Por tanto, a través de la detección de micro expresiones se puede conocer el estado de la persona que tenemos delante (Riart, Arís y Martorell, 2012)
¿Cómo detectar las emociones del grupo de alumnos?
En 1999, Ekman identificó nueve emociones, algunas de las cuales varían por simples matices de las que había descubierto inicialmente (felicidad, ira, repugnancia, miedo, sorpresa y tristeza). Dichas emociones son: diversión, desprecio, culpa, orgullo, entusiasmo, vergüenza, placer, alivio, complacencia, satisfacción y bochorno. Para saber qué clase de movimientos se encontraban en los músculos de las caras de las personas que tenía delante y cómo la combinación de estos generaba una emoción, Ekman creo el Sistema FACS (Sistema de Codificación Facial, 1978), el cual puede ser aprendido progresivamente y puede ser ensayado frente a un espejo o a través de programas informáticos para poder entrenarse en detectar emociones (Riart, Arís y Martorell, 2012).
Para tener unas primeras nociones de las emociones que se pueden producir con más repetición en el aula, resulta interesante identificar las unidades de acción propias de las siguientes emociones:
Felicidad: las comisuras labiales se abren y se levantan ligeramente tirando hacia los extremos y los músculos que rodean los ojos estiran los parpados hacia los extremos. Estos músculos marcarán la diferencia entre una sonrisa real y una falsa, ya que no se pueden accionar de forma voluntaria (Riart, Arís y Martorell, 2012).
Ira: los labios se cierran, haciendo la boca más pequeña, con el labio superior ligeramente escondido dentro del inferior. Las cejas se juntan provocando una tensión en el centro de las mismas que dibuja una línea vertical. Se tensan los músculos inferiores de los ojos (Riart, Arís y Martorell, 2012).
Sorpresa: la boca se abre ligeramente y de forma relajada, las cejas se levantan y los ojos quedan muy abiertos (Riart, Arís y Martorell, 2012).
Desprecio: una de las dos comisuras labiales se tensa hacia un lado, de forma ligeramente elevada, y una de las dos cejas también se levanta, coincidiendo en el mismo lado (Riart, Arís y Martorell, 2012).
Lo más importante de la lectura de las emociones de los alumnos es poder adquirir un control más amplio de la clase. Para poder adaptar nuestra comunicación a nuestra clase es importante saber qué percepción tienen los individuos que forman parte de la clase. Por esta razón, debemos poder interpretar correctamente las emociones. Para conseguir esta correcta interpretación no tenemos que centrarnos en una micro expresión aislada, sino que es básico contextualizar toda la CNV de los alumnos. Se debe entender una micro expresión como parte del conjunto de señales que emiten los alumnos, sumando los diferentes gestos (Riart, Arís y Martorell, 2012).




Fuente: https://www.isep.es
Por: Maribí Pereira
Psicóloga, docente del Máster en Psicoterapia del Bienestar Emocional. Antigua alumna del Máster en Psicología Clínica y de la Salud.


sábado, 19 de noviembre de 2016

Cómo prevenir el Burnout o estrés laboral

El concepto de “síndrome del Burnout” (“síndrome de estar quemado”, “síndrome de quemarse por el trabajo”, “síndrome del estrés laboral asistencial”), nace de la consideración del estrés laboral sufrido por los profesionales.

En un principio se pensaba que los ejecutivos eran los más estresados, sin embargo las investigaciones afirmaban que también estaban expuestas a este tipo de estrés las personas que tuviesen un contacto directo con pacientes, clientes, alumnos o ciudadanos cuyas exigencias desbordaban la capacidad de actuación del profesional, ya que la situación le ha sobrepasado y se va reduciendo su capacidad de adaptación.
Maslach y Jackson (1981, 1982) definen  “Burnout” como un cuadro clínico cuyos síntomas principales son:
– El Cansancio Emocional: también llamado agotamiento emocional, agotamiento de la energía o los recursos emocionales propios, una experiencia de estar emocionalmente agotado, debido al contacto cotidiano y mantenido con personas a las que hay que atender porque son la razón de ser de su trabajo.
– La Despersonalización: desarrollo de sentimientos negativos, y de actitudes y sentimientos de cinismo hacia las personas destinatarias del trabajo. Estas personas son vistas por los profesionales de forma deshumanizada debido a un endurecimiento afectivo, lo que conlleva que les culpen de sus problemas.
– La falta de Realización Personal en el trabajo: tendencia a evaluarse negativamente, y afectando a la habilidad en la realización del trabajo y a la relación con las personas a las que atienden. Los trabajadores se sienten descontentos consigo mismos e insatisfechos con sus resultados.
El síndrome es frecuente en profesionales de la salud, de la educación y en profesionales que trabajan en los servicios humanos. Sin embargo, el síndrome de “estar quemado” también se aplica a un extenso colectivo de profesionales que incluye desde los directivos a las amas de casa.
Por otra parte, hay que mencionar que el síndrome tiene un desarrollo insidioso y progresivo como respuesta al estrés laboral crónico, pero hay que destacar que en este proceso sobre todo fracasan las estrategias de afrontamiento que suele emplear el sujeto, como por ejemplo, la evitación.
Las consecuencias del síndrome del Burnout son muy negativas tanto para el sujetoque lo padece (salud física y mental: alteraciones psicosomáticas, ansiedad, depresión, etc.) como para la organización en la que desempeña su rol profesional (disminución del rendimiento, absentismo laboral, abandono del puesto de trabajo, etc.).
Medidas preventivas del estrés crónico y el burnout
En primer lugar, para poder prevenirlo antes de que sea demasiado grave o para poder controlarlo, será necesario saber qué es el estrés y el Síndrome de Burnout, identificarlo y, sobre todo, averiguar qué lo está desencadenando y cómo nos está afectando. Es importante en estos momentos no negar la situación que se está padeciendo y aceptarla de manera incondicional.
Posteriormente será necesario tomar conciencia de que no hay que exigirse más de lo que uno puede dar.
Las técnicas de prevención incluyen:
– Mantener un estilo de vida saludable (alimentación moderada, honestidad, no alterarse fácilmente, relajación, paciencia, realización de ejercicio físico y distracción en algún momento del día para la desconexión con la vida laboral, no ser aprensivo, etc.).
– Satisfacción en el lugar de trabajo: si no estás satisfecho en el trabajo y te sientes quemado por ello, pregúntate qué es lo que falla y cómo podrías afrontarlo.
– Apoyo personal y social: desde lo laboral a lo familiar es muy importante disponer de este tipo de apoyo, y para todos los ámbitos, ya que nos puede ayudar con el afrontamiento de la situación desagradable que se padece o incluso a ver las cosas desde otra perspectiva.
– Comunicaciones abiertas: la comunicación, dentro de la honestidad y la educación, es un factor muy importante para que podamos expresar lo que deseamos, siendo asertivos. Es una manera de evitar la despersonalización que se ha mencionado anteriormente.
– Mejora de la organización personal: la organización siempre es un paso muy importante para poder llevar a cabo nuestros objetivos en la vida y utilizar las técnicas de afrontamiento mas propicias para cada caso.
– Desarrollo de habilidades profesionales: no quedarse estancado o bloqueado y seguir desarrollando habilidades hará que nos sintamos más realizados con nosotros mismos, y evitando así el sentimiento de esa falta de realización personal que caracteriza al Síndrome de estar Quemado.
Además de todo esto, sería de gran relevancia comentar que la prevención de este tipo de estrés, también ha de abordarse desde el enfoque organizacional y no sólo de forma individual ya que la promoción de la calidad de vida laboral se consigue mediante la puesta en práctica de políticas óptimas de dirección organizacional.


Compartido por
Rebeca Pozuelo Fernández


sábado, 17 de septiembre de 2016

Docentes y enfermeros son los más afectados por el síndrome de la cabeza quemada

También conocido como burnout, se trata de uno de los llamados “males de siglo” y afecta en nuestro país principalmente a los docentes y enfermeros.



El mundo del trabajo también se ha transformado modificando el rol de los sujetos: de simples ejecutores de tareas se ha pasado a trabajadores que aspiran a desempeñarse en empleos que les permitan tomar decisiones con cierta autonomía, realizar tareas significativas y con impacto social.
Esos son los trabajadores más proclives a ser víctimas del “síndrome de cabeza quemada”, una vez que sus aspiraciones profesionales se ven frustradas por una realidad cada vez más compleja. Otras causas pueden ser el “inmovilismo” laboral y el desempleo.
Es allí donde la psiquis, el cuerpo y el comportamiento comienzan a verse afectados en distintos niveles, experimentando agotamiento, falta de energía, malhumor, insensibilidad y hasta cinismo. Todas estas conductas colaboran con una baja eficacia laboral.
Entre los síntomas de quienes padecen este mal se cuentan palpitaciones, taquicardias, pinchazos en el pecho, aumento de la tensión arterial, dolores musculares, contracturas, dolores de cabeza, dificultades digestivas, inapetencia, disminución del deseo sexual y dificultades en el sueño.
¿Cuál es la diferencia entonces entre burnout y el clásico estrés laboral?
El psiquiatra y especialista de la Universidad de Zaragoza Javier García Campayo,  explicó que el estrés laboral es solo la primera fase del burnout: el síndrome de “cabeza quemada” aparece cuando el estrés laboral se vuelve crónico.
Las profesiones más afectadas por este síndrome son las que tienen un costado claramente vocacional y de servicio al otro, en las que existe una alta implicación entre el sujeto que presta el trabajo y el sujeto receptor del mismo.
Aquí, el listado de las profesiones más afectadas por el burnout:
-Docentes
-Enfermeros
-Médicos
-Psicólogos
-Asistentes geriátricos
-Comerciales
-Abogados
Aunque entre las primeras tres profesiones hay un porcentaje de afectados por burnout de entre el 25 y el 40%, García Campayo afirma que en todas las profesiones existe una prevalencia del 10% de este mal.
Estos perfiles son los que explican que en España, la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) vaya a realizar un estudio sobre el tema en conjunto con el Departamento de psicología de la Universidad de Extremadura, y esté en campaña exigiendo que el burnout sea tipificado como enfermedad profesional.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Busca en mis blogs