sábado, 28 de noviembre de 2020

LA APNEA DEL MÓVIL, Y CÓMO EVITARLA.

 Nuestra respiración se altera cuando leemos y contestamos mensajes de email o de texto delante de una pantalla, hasta el punto de privarnos de oxígeno temporalmente.



¿Te estresa el email? ¿Los mensajes constantes de WhatsApp? Si la respuesta es sí, no se trata de una sensación, sino de un fenómeno conocido que tiene consecuencias fisiológicas. En 2008 la divulgadora Linda Stone observó que cuando estamos procesando nuestra interminable lista de mensajes de email, o enviando mensajes de texto, nuestra respiración se vuelve más superficial e incluso llega a suspenderse durante unos instantes.

 

Stone bautizó este fenómeno como “apnea del email” o apnea de pantalla. Hizo una serie de medidas con un sensor de HRV (variabilidad de ritmo cardíaco) que mide la capacidad del organismo para recuperarse del estrés. Los valores son altos en los atletas y las personas que sufren poco estrés o tienen un buen día, y bajos en las personas estresadas o fuera de forma. De hecho, las personas que sufren el síndrome de estar “quemadas” por el estrés en el trabajo presentan los mismos síntomas.


Lo que Stone pudo comprobar, y que corroboraron más tarde en un estudio de la Universidad de California en Irvine, es que leer y responder emails o mensajes de texto hacía que bajaran los valores de HRV. Los que es lo mismo, el nivel de estrés era más alto mirando una pantalla, de forma similar a cuando nos sentíamos amenazados por un depredador.

 

En esta situación de amenaza nuestra respiración se altera. Las inspiraciones son menos profundas y más rápidas, e incluso se puede llegar a aguantar la respiración. ¿En qué otro momento dejamos de respirar? Durante la apnea del sueño, en la que la glotis desciende e interrumpe repetidamente el flujo de aire. La apnea del sueño está relacionada con la hipertensión, enfermedades coronarias, infartos y diabetes. Lo mismo nos está ocurriendo mientras leemos el email.


Cuando estamos estresados respiramos poco y mal. Se trata de una respiración rápida y superficial en la que solo se llena de aire la parte superior de los pulmones intentando aumentar la concentración de oxígeno. Es decir, estamos hiperventilando, algo útil si te persigue un oso, pero nada recomendable cuando estás en una silla delante de una pantalla.

 

La tensión en los músculos y la anticipación también dispara otra respuesta natural a las amenazas: aguantar la respiración, es decir, apnea. Esto aumenta la presión arterial, de nuevo algo conveniente para huir o pelear, y reduce la sensación de dolor, como pudieron comprobar en un experimento de la Universidad de Jaén.


Sin embargo ninguna de estas adaptaciones es saludable si se mantiene en el tiempo. La respiración superficial y la apnea, especialmente cuando se respira por la boca, hacen descender los niveles de óxido nítrico (NO), y pasa menos oxígeno a la sangre y al cerebro.

 

¿Hay solución? En el mismo estudio de Irving se proponía tomarse un descanso del email, y se pudieron medir los resultados en las personas que lo hicieron. Cuando las personas dejan de estar continuamente conectadas por correo electrónico se pudieron concentrar más tiempo en sus tareas, en consecuencia abandonaron la multitarea y tuvieron menos estrés.


Pero cuando tomarse vacaciones no es una opción, hay una solución inmediata. El estrés afecta a la respiración, pero usando la respiración también se puede controlar el estrés. Lo primero es darse cuenta de que estamos aguantando la respiración frente a la pantalla. Una vez identificado el problema, basta con respirar hondo siguiendo estos pasos:


Recuperar la postura erguida, a menudo estamos encogidos frente al ordenador o el móvil.

Tomar aire usando respiración diafragmática: en lugar de hinchar el pecho, distender el abdomen para que el aire llene la parte baja de los pulmones.


Exhalar completamente, vaciando los pulmones y metiendo el abdomen.

Repetir unas cuantas veces hasta alcanzar un ritmo de seis respiraciones por minuto, es decir, inspirar en cinco segundos, espirar en cinco segundos.

Estos ejercicios tan simples activan el sistema nervioso parasimpático, el encargado de “apagar” el fuego de la respuesta del estrés.

¿En qué se basa todo esto?
El síndrome de agotamiento en la fisiología humana y el rendimiento operativo
La fuerte relación entre la variabilidad de frecuencia cardíaca (HRV) y el agotamiento sugieren que uno podría evaluar objetivamente el agotamiento y el agotamiento en los soldados y mejorar toma de decisiones sobre qué individuos podría necesitar una intervención más que las personas con menos agotamiento.


“Un ritmo no dictado por los electrones”: Un estudio empírico del trabajo sin correo electrónico
Además, medimos directamente el estrés usando monitores de frecuencia cardíaca portátiles y encontramos que el estrés, medido por la variabilidad de la frecuencia cardíaca, era menor sin el correo electrónico. Los datos de las entrevistas fueron consistentes con nuestras medidas cuantitativas, ya que los participantes reportaron ser capaces de enfocarse más en sus tareas.


Apnea obstructiva del sueño, hipertensión y enfermedades cardiovasculares
La mayoría de las pruebas verifican la relación positiva entre la AOS y la hipertensión, la enfermedad de las arterias coronarias, la fibrilación auricular, el accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardíaca.

La contención de la respiración durante la exhalación como una simple manipulación para reducir la percepción del dolor
La percepción del dolor se reduce cuando se aplica una estimulación dolorosa durante la retención de la respiración inmediatamente después de una inhalación profunda.

 

 

 

 

Por AIM DIGITAL

Fuente: https://www.aimdigital.com.ar/salud-y-bienestar/la-apnea-del-mvil-y-cmo-evitarla.htm

jueves, 19 de noviembre de 2020

El 54% de los docentes presentan ansiedad tras la vuelta a las aulas por culpa del Covid-19

 La pandemia del Covid-19 ha hecho que los riesgos psicosociales, dentro del sector educativo, aumente. El riesgo al contagio está afectando al estado psicológico de los profesionales, según se analiza en el Informe de Educación de la consultora Affor. Según podemos ver en este informe, más de la mitad de los encuestados presentan síntomas de ansiedad. Entre los principales indicios que manifiestan, destacan la alteración del sueño (90%), nerviosismo, irritabilidad o tensión (89,5%), dolor de cabeza (79,2%), retraso en el comienzo de las tareas (62,9%) o sensación de ahogo sin esfuerzo físico (52,1%).

 


“El impacto del COVID-19 ha provocado desajustes de carácter psicológico en muchas personas, sobre todo entre la población activa a la hora de compatibilizar vida profesional y familiar en un entorno novedoso para todos. Si además se une que el sector educativo es tradicionalmente uno de los más expuestos a la ansiedad y que más se ha visto afectado desde el inicio de la pandemia, con el inicio del curso escolar las consejerías de educación y los centros educativos deberían reforzar el seguimiento de los riesgos psicosociales entre los profesores para evitar que su incidencia aumente”, considera Carmen Rodríguez, directora del área de Intervención Psicológica de Affor.

 

El informe destaca también que el 64,6% de los docentes se siente agobiado y en tensión, un síntoma que identifican como más frecuente de lo habitual, el 55,2% presenta pérdida de sueño por preocupaciones, el 58,7% no se concentra y un 42,7% se siente poco feliz y deprimido. Atendiendo a la escala de Goldberg, el estudio refleja que el 71,33% de los profesores encuestados requeriría realizar una valoración detallada desde el área de salud ocupacional por posible ansiedad y depresión, siguiendo los criterios recogidos en el Protocolo PSICOVS2012 publicado por Osalan-Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales.

 

Anabel Fernández, CEO de Affor, considera que “la educación es fundamental para construir sociedades más prósperas. Por eso, es necesario que las administraciones públicas y los centros educativos implanten medidas para que puedan enseñar a los alumnos sin sufrir desgaste psicológico y se prevengan los riesgos psicosociales y posibles situaciones de ansiedad y estrés ante regreso a las aulas en un curso marcado por la incertidumbre”.

 

El estudio se ha realizado paralelamente en España y en siete países de Latinoamérica (Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, México, Panamá y Perú), y ha contado con la colaboración de los partners de Affor en destino, así como de la Cátedra de Prevención de la Universidad de Sevilla, PRL Innovación, Foro de Recursos Humanos y DCH – Organización Internacional de Directivos de Capital Humano. Para su ejecución se han empleado dos escalas psicológicas validadas: el Test de Salud Total (TST) y el GHQ Goldberg.

 

 

 

 

Fuente

https://educacion2.com/el-54-de-los-docentes-presentan-ansiedad-tras-la-vuelta-a-las-aulas-por-culpa-del-covid-19/

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Burnout y estrés

 Escuelas y familias al borde de un ataque de nervios

Familias y docentes sobrepasados. Y, en el medio, los chicos. La especialista en educación Laura Lewin reflexiona sobre las altas dosis de estrés y burnout de estos momentos de pandemia por coronavirus.

 


Si hay algo que hizo, entre muchas cosas, esta pandemia​, es poner a prueba nuestra empatía, nuestra habilidad de ser flexibles y de desarrollar la resiliencia emocional.

 

Para muchas familias, acompañar a sus hijos con las actividades académicas fue (y sigue siendo) un desafío épico. Para otras, una gran oportunidad de ver cómo los chicos aprenden, qué los motiva, qué los frustra y cómo piensan, y de acompañarlos en sus trayectorias académicas. Y del otro lado están los docentes. Muchísimos de ellos dando una respuesta formidable, y con mucho coraje, a una situación inusitada. Otros, desbordados. Y en el medio… Los chicos.

 

Educar implica mucho esfuerzo no sólo mental, sino también emocional y espiritual. Muchos docentes tuvieron que aprender, desaprender y reaprender, e inclusive estar disponibles por muchas horas más que las que estaban acostumbrados. Pasaron de enseñar a aprender….

 

Y no sólo eso, en las circunstancias actuales, las presiones son cada vez mayores y las condiciones de trabajo no siempre son las adecuadas; los docentes pasaron de tener una rutina y horarios, a casi no tener una agenda, en donde se desdibujan los horarios de trabajo. De trabajar en silencio, a planificar clases en el medio de living, con la familia alrededor y la complicadísima situación de tener que acompañar tanto a sus alumnos como a los propios hijos.

 

Pero una cosa es ajustarse y exigirse por un tiempo relativamente corto, y otra cosa es adaptarse a una nueva modalidad de trabajo, sabiendo que esta situación se va a extender en el tiempo.

Para los padres, tampoco fue fácil encontrar el lugar en dónde pararse: ¿enseño, acompaño, me corro?

 

Estos últimos meses han sido completamente diferentes a lo que veníamos acostumbrados, con mucho bombardeo de información –no sólo acerca del Coronavirus​, sino acerca de cómo hacer cosas que ya teníamos automatizadas e internalizadas- y todos hemos tenido que salir de nuestras zonas de confort, lo que genera, sin duda, un estado de agotamiento.

 

Es momento de desacelerar, de ordenarnos y de recalcular… y por sobre todas las cosas, de aplacarnos.

 

 

Familias y escuelas al borde de un ataque de nervios

El estrés es una reacción física y psicológica a ciertos estímulos. Cuando el estrés nos da un envión o un impulso para superar algunas situaciones, ese estrés es bueno.

 

Sin embargo, si sentís que se fue la magia y hacer cosas que siempre te gustaban ahora ya no te gustan tanto, te la pasás quejándote de todo y por todo o si sentís un estado de agotamiento no sólo físico, sino también mental y emocional... ¡¡¡Alerta!!! ¡Pueden ser síntomas de agotamiento!

 

¿Qué es el burnout, o síndrome del quemado?

El burnout es un estado de agotamiento emocional, mental, y físico causado por un excesivo y prolongado estrés. Mientras el estrés continúa, comenzás a perder el interés o la motivación por las cosas que estás haciendo.

 

Algunos síntomas del burnout:

- Todos los días son malos.

- Sentís que nada de lo que hacés sirve o es valorado.

- No tenés ganas de preocuparte por tu trabajo (o tu vida)

- Estás cansado todo el tiempo; cuando te vas a dormir, pero también cuando te levantás.

 

Diferencias entre estrés y burnout

En el estrés todo pareciera ser mucho. Mucha corrida, mucho esfuerzo, mucha presión. Mucho desgaste físico y emocional. Sin embargo, la gente que sufre de estrés siente que es una etapa, y una vez que se termine, volverán a estar como antes.

 

En el burnout, por el otro lado, es sentir que nada es suficiente. Las personas que sufren de burnout sienten que nada les alcanza, se sienten vacíos, sin un motivo para levantarse de la cama, sin objetivos. La gente que sufre de burnout no ve una salida.

 

Mientras que el estrés hace que una persona esté cansada físicamente, el burnout genera un agotamiento y embotamiento emocional.

 

Hay, además, una clara diferencia en relación a las emociones. Mientras que en el estrés las emociones son reactivas, en el burnout las emociones se tapan. A simple vista, pareciera que la persona está anestesiada. Un docente puede tener un caos en su clase de Zoom y simplemente decir “¿se pueden callar para que pueda hablar yo?”, pero sin realmente tener esperanza de que sus alumnos se callen.

 

La gente que sufre de estrés corre y se mueve y todo tiene que ser para “ayer”, mientras que la gente que sufre de burnout, no corre porque no tiene dónde ir. El burnout les produce un sentimiento de desesperanza.

 

Otra diferencia es que el daño principal en el estrés es físico. La gente estresada suele enfermarse con frecuencia, pero en la gente que sufre de burnout, lo que vemos es que sufren emocionalmente.

 

Aprender a preservarnos

Independientemente de qué rol cumplamos, debemos aprender a preservarnos y a cuidarnos.

Además de lo básico: descansar, dormir bien, alimentarte, reírte, conectarte con gente positiva, hacer ejercicio y tomar un poco de sol, debemos agregar algunos cuidados extra.

 

¡Cuidado con la computadora! Fijate que la computadora esté a 65 cm de tu cara, no más cerca, y chequeá el brillo y contraste, asegurándote que la pantalla no esté nunca más brillante que la luz de la habitación. Para descansar la vista de la pantalla, cada 20 minutos, mirá algo a 6 metros o más.

Tomate, además, recreos de 15 minutos cada dos horas. Movete, parate, caminá, hacé ejercicio. ¡No te la pases en una silla todo el día!

 

Preservarse es diferente para cada persona: para alguno será poder seguir con un hobby que le de placer, que lo ayude a relajarte; para otros, algo diferente como meditar o leer, pero no te olvides: “esto también pasará”. Cuando esta crisis se aleje, vamos a habernos fortalecido, y vamos a haber desarrollado nuestra resiliencia, la flexibilidad y nuestro poder de adaptación, todas habilidades que nos van a seguir acompañando en nuestra vida.

 

El aprender a preservarnos en situaciones de estrés, como es esta, no nos va a servir solo para la cuarentena; nos va a servir en la vida.

 

Y mientras tratamos de estar en eje y no desesperar, no nos olvidemos que nuestros hijos y nuestros alumnos nos están observando. Que vean nuestra mejor versión.

 

 

 

 

Por Laura Lewin

Fuente

https://www.clarin.com/entremujeres/hogar-y-familia/estres-coronavirus-cuarentena-crianza-educacion_0_5FIbymIL8.html

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