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lunes, 28 de septiembre de 2015

Efectos del estrés docente

El estrés es una situación problemática general, con amplia incidencia en numerosas actividades laborales, pero que en el caso de la enseñanza, específicamente, tiene unas connotaciones evolutivas especialmente alarmantes. Desde los negros presagios descritos y sufridos en la década de los 70s en la enseñanza, se pasó en la década de los 80s a una situación todavía más aguda donde se ha pagado un elevado precio, tanto en los aspectos personales como económicos. Se trata pues, de una situación profesional de alto riesgo en la enseñanza que requiere, sin duda, una atención especial.

Un indicador más de lo crítico de esta situación en la enseñanza es la acuñación de un nuevo término para describir un
síndrome nuevo, diferente al mero estrés, aunque potencialmente relacionado con él, y que se denominó “burnout”, en la terminología anglosajona, que se podría interpretar como “quemado”, o en sentido más literal y extremo, “abrasado”; sería por tanto, el síndrome de los abrasados por su profesión. Los trabajadores que desarrollan el síndrome de burnout son, fundamentalmente, aquellos de las profesiones denominadas de ayuda o de servicios humanos (enseñanza, sanidad, servicios sociales, etc.), y se caracteriza por un agotamiento emocional extremo, la despersonalización en el trato con las personas y los clientes y la ausencia de realización personal en la ejecución del trabajo.
El malestar docente se refiere a una situación problemática que se vive en las escuelas y colegios, que afecta profundamente la actividad educativa de las mismas, y determina en gran medida las condiciones laborales adversas en las que desempeñan diariamente su labor profesional cientos de miles de profesores. Los rasgos más llamativos y sensacionalistas de esta problemática aparecen con frecuencia en la prensa (violencia en las escuelas,
carencia de profesores, incremento del absentismo laboral y de las enfermedades en las escuelas, etc.), aunque otros rasgos, incluso más profundos y críticos, permanecen ocultos a los ojos del gran público, pero no por ello resultan menos importantes (creciente complejidad de las tareas docentes, los conflictos interpersonales en la escuela, las exigencias cada vez mayores que caen sobre las espaldas de los profesores, la falta de apoyo social hacia la escuela, el desprestigio social de la profesión y de sus profesionales, etc.).
Son diversas las manifestaciones que pueden darse derivadas de este síndrome , y hemos de estar alerta a todas ellas para evitar futuros problemas de salud.
A continuación, tenéis una pequeña lista con los síntomas más comunes del síndrome del desgaste profesional docente, en sus diversas manifestaciones.
• Manifestaciones mentales:
La persona desgastada se siente agotada y vacía de sentimientos o atrapada en el desempeño del rol profesional. También se han descrito las vivencias de fracaso, de insuficiencia y de impotencia que conducen a baja autoestima y autoeficacia personal. Además, la persona afectada tiene una menor capacidad de tolerancia a la frustración, con tendencia a reaccionar de forma agresiva o paranoide no sólo hacia los clientes, sino hacia los compañeros de trabajo. Pueden observarse síntomas de nerviosismo, inquietud psicomotora, incapacidad para concentrarse, olvidos, etc. La presencia de burnout se considera un predictor significativo, que contribuye a la aparición y/o sostenimiento de un trastorno depresivo.
• Manifestaciones físicas:
Cefaleas, trastornos gastrointestinales, dolores osteomusculares, pérdida de apetito, alteraciones sexuales y del sueño, úlceras, enfermedad coronaria.
• Manifestaciones conductuales:
Se ha observado el consumo aumentado de estimulantes como café y té, así como sedantes, bebidas alcohólicas, tabaquismo y el abuso de otras sustancias tóxicas, sedentarismo, y mala dieta.
• Manifestaciones sociales:
Junto con el agotamiento, las actitudes negativas hacia los alumnos son las principales características del burnout, que pueden manifestarse por: insensibilidad, excesivo distanciamiento defensivo, irritabilidad, impaciencia y ansiedad, exagerada hipercrítica y desconfianza con hostilidad.
Los profesores pueden desplazar estas actitudes negativas hacia la profesión misma, la Administración educativa o hacia una parte de ella, hacia sus representantes sindicales, que les sirve como elemento neutralizador de su malestar. La persona quemada no se siente valorada o querida por sus colegas o por la Administración, y por eso se defiende pagando con la misma moneda con la que se siente él pagado.
• Manifestaciones organizacionales:
Se ha observado que el burnout lleva al profesor a tomar decisiones en relación a una seria intención de abandonar la docencia, a cambiarse a otro centro educativo, incrementar su absentismo laboral, llevándose así, a una marcada disminución de su productividad individual.
 Para paliar el problema, se debería  impulsar y dignificar la profesión docente, lo cual para esto tendría que ser necesario un reconocimiento de las principales autoridades de la educación de las diversas dificultades y de los riesgos que implican la labor de los maestros y procurar una formación continua donde se trabajen sobre las necesidades reales de los profesionales de la enseñanza.
Como recomendaciones se sugiere que se llevaran a cabo programas preventivos que se ajusten a las necesidades especificas de la institución para mantener altos los grados de satisfacción del cuerpo docente que se vera reflejado en la calidad de su trabajo.

Publicado en ACTIVIDADES INFANTILES

miércoles, 17 de octubre de 2012

El “Burnout” en los docentes

¿Qué efectos genera el Burnout”? ¿Cuáles son las enfermedades asociadas? ¿Qué síntomas produce? ¿Cuáles son las etapas que transita? ¿Cómo podemos entender el síndrome? ¿Cuáles son sus fuentes más relevantes?



En las últimas décadas, se ha desarrollado un gran interés por el estudio del estrés y los factores psicosociales relacionados con el trabajo y la repercusión de éstos sobre la salud de los trabajadores. Sobre el punto, debemos señalar que el interés por la productividad y la eficiencia, no siempre han sido acompañados de condiciones laborales dignas y adecuadas, recursos suficientes para llevarlo a cabo y un diseño de tareas y puestos que tengan en cuenta las características de las personas, sus necesidades, habilidades e intereses. La falta de atención a estos aspectos pueden generar consecuencias sobre las personas (estrés, insatisfacción), o sobre la empresa (ausentismo, conflictividad, disminución de la calidad del trabajo y la productividad, etc.).



Dentro de las enfermedades asociadas al estrés laboral, el síndrome de "Burnout", también llamado "síndrome de estar quemado", "síndrome de la quemazón", "síndrome del estrés laboral asistencial" o "síndrome del desgaste profesional", es cada vez más conocido y lamentablemente más extendido, y suele afectar principalmente a personas cuyas tareas laborales tienen un componente central de ayuda a los demás y de gran intervención social como los médicos, enfermeros, odontólogos y demás profesionales de la salud, así como a docentes, trabajadores sociales, deportistas, policías, entre otros.



El síndrome del "Burnout", puede considerarse como el mal del fin de siglo, al punto que se calcula que alrededor de dos tercios de todas las enfermedades están relacionadas con el estrés laboral, y aunque no se trata de una relación de causa-efecto, el estrés laboral es un factor importante que interacciona con otras variables biológicas, psicológicas y sociales, dando lugar a numerosas enfermedades físicas y mentales. Inclusive, existen referencias que nos informan que el estrés laboral es un problema grave que está vinculado con el origen del 50% de las bajas laborales en la Unión Europea.



El síndrome del "Burnout", mal invisible que afecta y repercute en la calidad de vida, es considerado como la fase avanzada del estrés profesional y se produce cuando se desequilibran las expectativas en el ámbito profesional y la realidad del trabajo diario, produciéndose desmotivación, desinterés, malestar interno e insatisfacción laboral en el sujeto que lo padece, el cual infiere "tensión" al interactuar y al tratar reiteradamente con otras personas.



A diferencia de un estrés puro, el "Burnout" siempre está asociado a sentimientos de desvalorización y fracaso,  se manifiesta bajo unos síntomas específicos, siendo los más habituales:



A.   Psicosomáticos: Cansancio, fatiga crónica, frecuentes dolores de cabeza, malestar general, problemas de sueño, contracturas y algias óseo musculares, ulceras y otros desórdenes gastrointestinales, perdida de peso, taquicardia, hipertensi6n, etc.



B.   Conductuales: Mala comunicación, ausentismo laboral, abuso de drogas (café, tabaco, alcohol, fármacos, etc.), incapacidad para vivir de forma relajada, superficialidad en el contacto con los demás, aumento de conductas violentas, trastornos en más o en menos del apetito y la ingesta, distanciamiento afectivo de los clientes y compañeros.



C.   Emocionales: Distanciamiento afectivo como forma de protección del yo, aburrimiento y actitud cínica, impaciencia e irritabilidad, sentimiento de omnipotencia, desorientación, incapacidad de concentración, disminución de la memoria inmediata, baja tolerancia a la frustración, sentimientos depresivos, sentimientos de vació, agotamiento, fracaso, impotencia, baja autoestima y pobre realización personal.



D.   Laborales: Detrimento en la capacidad de trabajo, detrimento en la calidad de los servicios que se presta a los clientes, aumento de interacciones hostiles, comunicaciones deficientes, frecuentes conflictos interpersonales en el ámbito del trabajo y dentro de la propia familia.



Las evidencias que afectan al individuo en el inicio de la aparición de la enfermedad, se reconocen en varias etapas y son:

1.    Exceso de trabajo.
2.    Sobreesfuerzo que lleva a estados de ansiedad y fatiga.
3.    Desmoralización y pérdida de la ilusión.
4.    Pérdida de vocación, decepción de los valores hacia los superiores.

Herbert J. Freudenberger, psicoanalista alemán residente en Norteamérica y que trabajaba en una clínica neoyorquina, fue el que introdujo, desde una perspectiva clínica, el termino "Burnout" en la literatura científica para hacer referencia a un conjunto de manifestaciones anómalas características de las personas que trabajan en profesiones de ayuda a los demás. Definió el síndrome como "un conjunto de síntomas médico-biológicos y psicosociales inespecíficos, que se desarrollan en la actividad laboral, como resultado de una demanda excesiva de energía".



Para él, se trata de "una sensación de fracaso y una experiencia agotada que resulta de una sobrecarga por exigencias de energía, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador". Como podemos apreciar, la definición que nos brinda se refiere a un estado emocional que se encuentra al final de un proceso. Para dicho autor, este proceso que acaba en el "Burnout" se debe a una elevada implicaci6n del trabajador en su profesión, la "adicción al trabajo".



En concreto, se refirió a los profesionales denominados de "ayuda" cuya actividad va dirigida a otras personas, con las que mantienen fuerte y sostenido contacto directo. Sus primeras observaciones fueron los efectos que en poco mas o menos de un año sufrían muchos de los voluntarios: Una progresiva pérdida de energía que llevaba al agotamiento, ansiedad inespecífica y, en algunos casos, cuadros de tipo depresivo, en un marco de pérdida de la motivación e interés con que abordaron su trabajo, e incluso manifestando intolerancia, resentimiento y agresividad con los pacientes.



A partir de esa fecha, el síndrome del "Burnout" ha generado infinidad de trabajos, especialmente en el ámbito organizacional. Casas & Hilari, informa que algunos artículos realizados en 1990 citan más de 2500 referencias sobre "Burnout" entre sus primeros estudios, en 1974 y 1989. Ello se debe a la importancia que merece el tema para el mundo empresarial, donde los costes debido al "burnout" pueden suponerse elevados, a pesar de poseer escasos estudios que evalúen concienzudamente las repercusiones del síndrome en las organizaciones.



Por otra parte, se han desarrollado diversos intentos para alcanzar una delimitación te6rica del constructo (concepto, expresividad, factores implicados en su desarrollo, etc). Algunos autores explican el síndrome como consecuencia del fallo en las estrategias de afrontamiento al estrés laboral. En tal sentido, Edelwich y Brodsky, sostienen que el síndrome de desgaste profesional sería: "como una pérdida progresiva del idealismo, energía y motivos vividos por la gente en las profesiones de ayuda, como resultado de las condiciones de trabajo".



Estos mismos autores proponen cuatro fases por las que supuestamente pasaría una persona en un proceso de desgaste profesional: entusiasmo; estancamiento; frustración y apatía.



Otras propuestas, por aclarar el concepto, intentan una clasificación del síndrome en dos categorías diferenciadas: "el Burnout activo", que se demuestra por una manifestación del desgaste a través de conductas asertivas, con muestras de irritabilidad y hostilidad; y el "Burnout pasivo", que viene caracterizado por las conductas de retirada y la apatía. A estas alturas debemos tener presente, según Guerrero Barona, que el "Burnout", es un término anglosajón cuya traducción mas próxima y coloquial es "estar quemado", desgastado, exhausto y perder la ilusión por el trabajo.



En virtud a lo mencionado anteriormente, la aproximación más fructífera ha sido la realizada por Maslach y Jackson, quienes desde una perspectiva psicosocial subrayan la dimensión emocional del "burnout" como forma de respuesta al estrés. En este sentido, el "burnout" es concebido como una respuesta inadecuada ante el estrés, cuya expresión fundamental consiste en un síndrome tridimensional que tiene tres dimensiones características: Un agotamiento físico y/o psicológico, una actitud fría y despersonalizada en el trato con los demás, y un sentimiento de inadecuación ante las tareas que se deben realizar.



Debemos recordar que el término "estrés" proviene de la física y la arquitectura, y se refiere a la fuerza que se aplica a un objeto, que puede deformarlo o romperlo.



En la psicología, el estrés suele hacer referencia a situaciones que implican demandas fuertes para el individuo y que pueden agotar sus recursos de afrontamiento. El término fue importado para la psicología por el fisiólogo canadiense Selye, y desde allí ha sido entendido como: Respuesta-estímulo-interacción. En la actualidad, este último se acepta como el más completo.



El concepto de estrés guarda relación entonces con un desequilibrio entre las demandas del ambiente (extresores externos o internos), y los recursos disponibles del sujeto.



Todo sujeto hace constantes esfuerzos cognitivos y conductuales para manejar adecuadamente las situaciones que se le presentan, por eso no todo el estrés tiene consecuencias negativas; en todo caso, éstas se producen cuando la situación desborda la capacidad de control del sujeto. Este resultado se denomina distrés, a diferencia del estrés positivo o eutrés, que puede ser un buen dinamizador de la actividad laboral.



Volviendo a la temática del "burnout", a partir de la aproximación realizada por Maslach y Jackson; se han desarrollado colaboraciones, en las que se destaca el carácter episódico de un fenómeno descrito a través de fases, aun cuando dichas aportaciones discrepan tanto en la relevancia de unos aspectos sobre otros como en la secuencialidad de la experiencia del "Burnout".



Para Cherniss, el "burnout" puede ser entendido como una forma de afrontar el éstos, destacando tal vez como aspecto más sugestivo de su teoría, la combinación entre características del entorno laboral y variables personales del trabajador (expectativas, actitudes, etc.), cuya interacción puede generar una sobrecarga capaz de desarrollar respuestas constitutivas de "burnout" como una forma de adaptación defensiva.



A partir de la propuesta anteriormente mencionada, las características personales de quienes desarrollan profesiones orientadas hacia la ayuda a los demás, pueden explicar en buena medida su mayor predisposición a terminar "quemados",  habida cuenta de su carácter vocacional unido a una actitud demasiado exigente respecto a la realización de la propia tarea en la cual puede darse una excesiva implicación emocional.



El "Burnout", sin embargo, no es patrimonio exclusivo de educadores, trabajadores sociales o profesionales de la salud, sino que por el contrario puede ser descrito en todas aquellas "personas que trabajan con personas".



Algunas profesiones por sus características y el contexto en que se ejercen, tienen más riesgo de ser estresantes. La enseñanza es una de ellas, lo cual ha dado lugar a numerosos estudios sobre los factores implicados y las vías de intervención, que han identificado las fuentes del estrés más relevantes de los profesores:

(1)   Actitudes negativas por parte de los alumnos.

(2)   Problemas de disciplina en el aula.

(3)   Malas condiciones de trabajo (número excesivo de alumnos en las aulas y falta de equipo adecuado).

(4)   Presiones temporales y sobrecarga de trabajo.

(5)   Conflictos entre los profesores.

(6)   Cambios rápidos en las demandas de currículo y organización.



Cuando la multitud de estresores encontrados en la situación de enseñanza continua sin esperanza de solución, el patrón de reacciones descritas como "Burnout", daña seriamente la habilidad del profesor para ejecutar su trabajo. Los sentimientos del docente se vuelven negativos, se desarrolla una actitud de cinismo, se pierde la implicación con los alumnos, aumentan las enfermedades físicas y mentales y el absentismo y, en ocasiones el consumo de drogas y el alcohol.



A todo lo anteriormente señalado, se pueden agregar trastornos depresivos, ansiedad, irritabilidad, descenso en la autoestima, sentimientos de indefensión, obesidad, consumo de tabaco, insomnio (consecuencias psicológicas) e hipertensión, úlceras, asma, trastornos coronarios (consecuencias psicofisiológicas).



Queda claro entonces que una de las actividades de mayor compromiso profesional en lo que se refiere a apoyar y ayudar a las personas es la docencia. Sobre el punto, la docencia experimenta presiones constantes de la sociedad para intentar corregir problemas sociales de toda índole, por ejemplo, las drogas, el alcohol, el abuso sexual, entre otros. Inclusive, algunos profesionales abandonan la docencia, "quemados" o "hastiados" por la labor diaria para incorporarse en otras actividades laborales.



En virtud a todo lo señalado, creemos que es de suma urgencia estudiar dicha problemática en los docentes universitarios de nuestro país, toda vez que en su ejercicio profesional los profesores están orientados permanentemente al trato directo con las personas, desarrollando un alto grado de compromiso emocional, que puede en un momento determinado provocar el denominado estrés laboral.





Extraído de
El Síndrome Del "Quemado" por Estrés Laboral Asistencial en Grupos de Docentes Universitarios
Carlos Ramón Ponce Díaz; Mario Santiago Bulnes Bedón; Jaime Ramiro Aliaga Tovar;
María Clotilde Atalaya Pisco; Rosa Elena Huertas Rosales
REVISTA DE INVESTIGACIÓN  EN PSICOLOGÍA - VOL. 8,  N.º  2

jueves, 8 de diciembre de 2011

MALESTAR DOCENTE

Muchas veces se habla del “Malestar docente”, pero ¿Qué es? ¿En qué consiste? ¿Qué lo produce? ¿Qué hacer? Los siguientes párrafos, que expresa un punto de vista médico, dan una respuesta a esas preguntas.



Desde hace tiempo viene utilizándose el tópico “malestar docente” (Berger,1957 - Mandra,1957 - Auriel,1980/82/84 -Dupont,1983) empleando esta expresión como la más inclusiva de las utilizadas en la bibliografía actual para describir los efectos permanentes de carácter negativo que afectan a la personalidad del profesor como resultado de las condiciones psicológicas y sociales en que se ejerce la docencia.

Blase señala y designa: “ciclo degenerativo de la eficacia docente”. Esteve:
A) Define “malestar docente” a partir de la explicitación de indicadores.
B) Intenta establecer un modelo que permita comprender las relaciones funcionales existentes entre los indicadores utilizados.
C) Propone estrategias destinadas a la reducción de dichos efectos negativos.

En relación a los indicadores distingue:
Factores de primer orden (directos)
- Recursos materiales y condiciones de trabajo.
- Violencia en las instituciones escolares.
- Agotamiento docente y la acumulación de exigencias sobre el profesor.
Factores de segundo orden (indirectos, referidos al contexto):
- Modificación en el rol del profesor y de los agentes tradicionales de socialización.
- Función docente: contestación y contradicciones.
- Modificación del apoyo del contexto social.
- Objetivos del sistema de enseñanza y el avance de los conocimientos.

Milstein - Galaszenski y Duquette (1984) al estudiar las fuentes de stress en los profesores destacan como elementos más significativos:
1- Los salarios
2- Falta de coherencia en sus relaciones con los alumnos.
3- Sobrecarga cuantitativa de trabajo.

En un estudio epidemiológico realizado por Francoise Amiel-Lebigre (1972), sobre las enfermedades de los profesores sometidos a tratamiento en centros asistenciales de la Mutualle Génerale de L’Education Nationale, concluye que los diagnósticos más frecuentes, sobre una muestra de 1.294 profesores enfermos, expresan: estados neuróticos 27%, estados depresivos 26,2%, personalidades y caracteres patológicos 17,6%. Los estados psicóticos como psicosis maníaco-depresivas 7,4%, y las esquizofrenias 6,6%, seguirían muchos más lejos(Esteve).

Cabe preguntarse ¿qué tipo de subjetividad produce el proceso de trabajo docente, en 1994?. ¿Qué pasa con un trabajo en crisis a nivel mundial pero que además hoy sufre la arremetida de la precarización en el marco del ajuste? ¿Cuál es la locura que nos afecta a los maestros? ¿Qué sucede cuando la inadecuación entre los deseos de un maestro que elige por vocación y valoración del hecho creativo de la tarea educativa, se encuentra en disfunción total con lo que el mismo y la sociedad espera de esa tarea. Cómo se juzga ese proceso que desde la inhibición, la fuga o el desgano termina cristalizado en depresiones o graves crisis subjetivas que condenan al docente a repetir el mecanismo de expulsión de sus propios compañeros, así como antes el sistema los lleva a ser testigos impotentes de la exclusión de los alumnos.

La identidad de un docente, así como el proceso de cada escuela es parte de un proceso de construcción histórica, la desarticulación actual que se cristaliza especialmente en la “expropiación del hecho educativo mismo”, la pérdida de control sobre el proceso de trabajo y el creciente criterio de racionalización, agudizan la crisis de identidad profesional docente.

Los ideales docentes forjados en su historia como sector popular, son hoy expropiados y desde el campo de la culpabilización individual retornan al mismo como imperativo. Es la cultura del mercado, de la fragmentación de los lazos sociales, de la negación de los Sujetos colectivos.

Hay que hacer de todo, para que en la escuela todo funcione, pacto de sacrificio que el docente pagará en muchos casos con el impacto directo sobre su cuerpo. La capacitación es expulsada del campo del derecho y retorna como exigencia. Los objetivos no se cumplen, la tarea es ambigua, campo propicio de la emergencia de la fatiga.

La problemática de la subjetividad en el trabajo docente deberá ser desplegada en toda su complejidad e impedir que se vea reducida a los fenómenos de la relación docente-alumno, reconstruyendo la relación entre pares y la comunidad. Educar es la tarea que deberá retornar como responsabilidad a un sistema educativo y a una comunidad que está excluida en su participación y se automargina muchas veces en la delegación a la institución escuela y a veces solo al maestro

Extraído de:
CRISIS EN EL SISTEMA EDUCATIVO Y LA SALUD LABORAL DOCENTE
Autores:
Jorge Kohen
Médico. Facultad de Psicología. Universidad de Rosario. Argentina.
Iris Valles
Médico. Facultad de Psicología. Universidad de Rosatio. Argentina

domingo, 5 de junio de 2011

Malestar docente, un enemigo silencioso

Malestar docente un enemigo silencioso
La patologí­a asoma desde hace años en los ámbitos laborales de los profesionales de la educación. Con caracterí­sticas especí­ficas y sí­ntomas identificables, la aflicción ataca a gran número de maestros sin que muchos lo sospechen.

El escenario complejo que presentan las escuelas, férreas receptoras de las problemáticas sociales, propone un desafío particular para los docentes. El desgaste que implica la tarea áulica, que en muchos casos excede lo educativo, alcanza la contención y el contacto con problemáticas de toda índole, se caracteriza por la acumulación de síntomas que confluyen en esta patología común y tiene efectos serios sobre los educadores.

Sin catalogarla como enfermedad psiquiátrica, el médico y docente universitario Jorge Cohen se refiere a éste como “un sufrimiento de características inespecíficas como consecuencia de la imposibilidad de sostenimiento del trabajo cotidiano en el aula”. Para el especialista sus causas pueden variar pero todas tienen un núcleo común “la fricción y el constante desgaste que se manifiesta producto de la labor cotidiana del maestro en el aula”.

Los síntomas, que pueden pasar inadvertidos en primera instancia: “Se confunden con la fatiga crónica, la angustia con algunos padecimientos de tipo psicosomáticos, para terminar con el correr del tiempo instalando el perfil patológico en cuestión”. Desgaste físico, envejecimiento prematuro y alteraciones diversas de la salud mental, que comienzan aproximadamente alrededor de los cuarenta años, son las señales de alerta que reconoce Cohen.

Con este contexto, desde hace varios años la Universidad Nacional de Rosario y el Ministerio de Educación provincial destinan recursos materiales y científicos para el estudio y el tratamiento de la problemática. El trabajo integra toda la esfera educativa, incluso los sindicatos, quizás los más preocupados por cuidar la salud de sus afiliados. Así, el médico explica: “Desde el inicio de las investigaciones en 1992, se estableció la vinculación entre el proceso de trabajo docente y la alteración de la salud haciendo hincapié en dos cuestiones fundamentales: La relación entre el alumno y el educador, y por otro lado el conjunto de exigencias que surgen de las condiciones sociales en las cuales ejerce su trabajo el profesional, entendiendo por esto la situación social y familiar del alumno, y el contexto de violencia sobre el cual hoy se desarrolla la labor educativa”. Estos aspectos son determinantes en tanto son la causa de los principales índices de alteración de la salud mental.

El problema del presentismo
Para Cohen, existe un antes y un después en la salud docente con la figura del presentismo. Un mecanismo que imponía condicionamientos sin prestar atención a los escenarios particulares donde se ejecutaba la medida: “Demostramos en investigaciones sobre la provincia de Santa Fe y Argentina que el presentismo es una causa más del alto desgaste del magisterio, pues obliga a ir a trabajar enfermos. Para no perder ese premio los docentes concurrían a sus lugares de trabajo en condiciones inadecuadas . Luego estaban el doble de tiempo afectados por patologías comunes: resfríos, bronquitis, problemas respiratorios”, señala el referente. Lo paradójico, y una clara muestra de la falla en la diagramación de estas políticas que pueden tener un fuerte impacto sobre la salud docente, es que una vez eliminado el presentismo se dio un incremento de las ausencias por enfermedad “Esa gente que iba a trabajar enferma para no perder el presentismo, pudo gozar de la licencia que se merecía”, sentenció el profesional.

Por último, el médico resalta los avances producidos en materia de salud laboral y agrega que “el año pasado se implementó un programa único en Argentina, que es asignar un médico de cabecera a cada docente que está con licencia de larga duración, y también asignar un especialista de acuerdo a la enfermedad”. De este modo, más de seis mil maestros de Santa Fe tienen un médico de cabecera asignado por la facultad de Medicina en convenio con el Ministerio de Educación.



Fuente
Área educativa,com,ar

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