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viernes, 27 de septiembre de 2013

El síndrome de burnout en la escuela


¿Qué presiones sufre el docente, que lo empujan hacia el burnout? ¿Por qué se considera que es vulnerable al burnout? ¿Cuáles son las profesiones más riesgosas?  ¿Cuáles son las principales fuentes del estrés docente?


El profesor no corre el riesgo de caer de un andamio ni se ve afectado por silicosis, pero el entorno educativo también supone un riesgo para su salud física y, sobre todo, mental. Ello debido a que las exigencias laborales hoy en día son más mentales que físicas; es decir, el profesor está sometido a factores de riesgo psicosocial. Estos factores de orden psicológico o social abarcan situaciones de tipo laboral, familiar o personal; que inciden en la aparición y/o mantenimiento de diversas condiciones que afectan la salud mental del profesor. En ese sentido, la profesión docente está sometida a una serie de presiones internas y externas que mellan la salud del docente.

Por ejemplo, las familias, las instituciones educativas y la comunidad en su conjunto exigen que el profesor eduque y forme personas en una sociedad llena de violencia, injusticias y desigualdades sociales. Además, la labor docente es un ejercicio que está sometido a continuos cambios impulsados por las reformas educativas, que se han ido imponiendo en el sistema educativo. Por si fuera poco, la docencia exige una actividad laboral y extralaboral muy intensa, que implica, hoy más que nunca, un amplio conocimiento interdisciplinario. Esto supone un perfil del educador con mayor preparación pedagógica, cuya importancia en la sociedad es nodal para el desarrollo de las jóvenes generaciones que son el futuro del país; sin embargo, el docente debe enfrentar una serie de dificultades económicas, sociales y laborales, y se le considera, muchas veces, como el responsable de las deficiencias del sistema educativo.

En el ámbito del microcosmos de la escuela, la relación entre profesor y alumno es complementaria: los primeros dan y los segundos reciben; es decir, que el alumno depende del profesor, de su orientación, de su conocimiento y de su asistencia. Este tipo de relación hace del profesor una persona vulnerable al síndrome de burnout. Este síndrome fue descrito por Herbert Freudenberger en 1974 en trabajadores que sufrían una progresiva pérdida de energía, síntomas de ansiedad, depresión, desmotivación y agresividad como afección característica de las profesiones de servicio. Por tanto, así como la profesión docente, las profesiones asistenciales son las de más alto riesgo laboral y se relacionan con altos niveles de ansiedad, depresión y estrés, que provocan úlceras, insomnio, cefaleas, etcétera.

Entre las profesiones que presentan más riesgo de padecer síndrome de burnout se tiene las del sector salud (médicos, enfermeras, obstetras, psicólogos, etcétera), los policías y los profesores. En ese sentido, Latorre ha reportado que el 34,5% de profesores de Murcia padecen estrés y que el sistema cardiovascular es el que más se correlaciona con el síndrome de burnout. En Holanda, entre un 5 y un 20% de profesores tienen síndrome de burnout. De hecho, el 25% de maestros europeos padece de algún tipo de desgaste profesional.

Sin embargo, para que el síndrome de burnout se desarrolle es necesaria la presión laboral; es decir, una dosis de estrés que es variable según se trate del profesor (su personalidad, estructura cognitiva y su capacidad de resistencia) y de las circunstancias familiares y laborales que vive. Es importante entender que, si bien el estrés crónico o prolongado es un claro referente de la aparición del síndrome de burnout, sobre todo en profesiones de servicio, no todo estrés es negativo. En términos generales, se suele hacer la distinción entre estrés positivo o estrés y el estrés negativo o distrés. Sin embargo, en un contexto laboral, el estrés relacionado con el trabajo puede definirse como el conjunto de reacciones emocionales, cognitivas, fisiológicas y del comportamiento a ciertos aspectos adversos o nocivos del contenido, la organización o el entorno de trabajo. La indisciplina en el aula, la falta de apoyo de los padres de familia y la administración educativa son factores de estrés para el profesor. Asimismo, lo son algunos rasgos inherentes a la enseñanza: el contacto interactivo constante, el estar sometido a evaluación y el trabajar con individuos que pueden no estar dispuestos a aprender.

Nieto ha sistematizado las principales fuentes de estrés docente en las siguientes categorías:
1) Conducta perturbadora de los alumnos, que abarca alumnos ruidosos, clases difíciles, problemas de conducta e indisciplina. Los estudios de Restrepo, Colorado y Cabrera indican, por ejemplo, que el 39% de docentes está sometido a ruidos fuertes en el salón de clases. El ruido se asocia a la indisciplina, que es una fuente de estrés importante para la mayoría de profesores. Asimismo, algunos estudios indican que las mujeres son más vulnerables a la conducta negativa de los alumnos, de modo que perciben más estresantes los problemas relativos a los estudiantes.

2) Condiciones de trabajo poco satisfactorias, que incluyen estructura pobre de la carrera, pocas oportunidades de promoción, salario insuficiente, escasez de equipamiento, falta de reconocimiento y escasa participación en la toma de decisiones escolares. Al respecto, a pesar de la Nueva Ley de la Carrera Pública Magisterial, en nuestro país, hace falta una línea de carrera para los profesores, que favorezca la promoción de los docentes sobre la base de méritos académicos y logros destacados, con la consecuente remuneración que ello supone. En ese sentido, varios estudios señalan que los profesores perciben que su sueldo es insuficiente. Además, la baja consideración de la profesión docente agrava la carga de estrés y, a la vez, mella su autoestima, sus sentimientos de autoeficacia y su rendimiento laboral. Los factores ergonómicos también pueden incluirse aquí, ya que como reportan Santana et al., de las alteraciones músculo-esqueléticas que sufren los profesores venezolanos, el 23% se relacionan con la bipedestación extendida. En el estudio de Restrepo et al. el 40% de maestros indicó que trabajaba en condiciones de extenuante calor debido a que, muchas veces, el alumnado por clase es muy numeroso.

3) Tiempo disponible escaso, porque tiene demasiadas tareas que realizar, demasiadas tareas administrativas, demasiado papeleo y carencia de tiempo para preparar las sesiones de aprendizaje. De hecho, el estudio de Oramas et al. reveló que el 87% de los 1746 docentes que trabajan en Arroyo Naranjo (Cuba) refieren que el trabajo burocrático, los breves momentos de receso y la falta de tiempo para atender a los alumnos individualmente les causa excesivo estrés. Además, el 76% dijo estar expuesto a estresores extralaborales, ya que llevan trabajo a casa (preparación de sesiones de aprendizaje, elaboración de material educativo, corrección de evaluaciones, etcétera), lo que limita su vida personal y familiar. En la investigación de Barría, Calabrano, Flores, Muñoz y Osorio, el 71,4% de profesoras declara no tener tiempo para sí mismas. Asimismo, el 100% de docentes de la IE Jesús Nazareno, de la ciudad de Corrientes, declaró que debe realizar labores en su casa.

4) Pobre cultura escolar, caracterizada por un reglamento interno inadecuado, falta de consensos, actitudes y conductas negativas del director, carencia de asesores y consultores, falta de capacitaciones, etcétera. Todos estos factores son concebidos como obstáculos organizacionales tangibles del ambiente laboral que tienen la capacidad de restringir el desempeño del profesor y que se asocian con el surgimiento de los síntomas del síndrome de burnout. En oposición, los facilitadores organizacionales tienen un efecto contrario. Así, mientras la satisfacción laboral se relaciona con el logro personal y el apoyo percibido de los compañeros de trabajo, la percepción de obstáculos tiene un efecto directo y negativo en la salud mental de los profesores.

Sobre la base de los estudios hechos en Lima, podemos decir que los estresores que son referidos con mayor frecuencia por los docentes son las actitudes negativas de los alumnos, los problemas de disciplina en el aula, las malas condiciones de trabajo, la sobrecarga laboral, los conflictos entre profesores, los cambios rápidos en las demandas de currículo y la organización, entre otros. Así por ejemplo, el trabajo de Fernández indica que, de una relación de 10 estudios realizados en la capital, el 43,2% de los docentes limeños experimenta altos niveles de burnout.



Extraído de
Síndrome de burnout en docentes de
Educación Básica Regular de Arequipa
Educación Vol. XXII, N° 42, marzo 2013, pp. 53-76 / ISSN 1019-9403
Walter Lizandro Arias Gallegos
Noelia Araceli Jiménez Barrios

miércoles, 17 de julio de 2013

¿En qué consiste el Burnout docente? Algunas características


¿Cómo se caracteriza el síndrome? ¿Cómo se desarrolla? ¿Qué teorías hay al respecto? ¿Qué perfil podemos hacer del docente afectado? ¿Qué relación mantiene con las variables sociolaborales? ¿Afecta en forma distinta a varones y mujeres?
 


El síndrome de burnout es una respuesta prolongada a una serie de estresores emocionales e interpersonales crónicos en el trabajo y se explica por medio de tres dimensiones: agotamiento emocional, despersonalización o cinismo y baja realización personal. La profesión docente es una de las más vulnerables a este síndrome debido a su carácter asistencial y de dependencia de los estudiantes para con el profesor. Por ejemplo, Heibert y Farber encontraron, tras la revisión de 71 artículos, evidencias para considerar a la profesión docente como una de las más estresantes.

Existen diversos modelos teóricos que explican el desarrollo de la sintomatología propia del síndrome de burnout. El modelo sociocognitivo se centra en las variables de personalidad como la autoeficacia, la competencia, el autocontrol, los estilos de afrontamiento, etcétera. El modelo del intercambio social lo hace en las interacciones que tienen lugar entre el profesor y los alumnos; mientras que el modelo organizacional enfatiza las condiciones laborales estresantes. En ese sentido, las principales fuentes de estrés docente son la falta de tiempo, el excesivo número de alumnos por clase, la mala conducta de los estudiantes, el desinterés de los padres respecto de sus hijos, la falta de motivación del estudiante y el papeleo burocrático.

Aunque se han realizado diversos estudios, la información es todavía contradictoria, ya que el perfil epidemiológico de mayor riesgo, según algunos estudios, es el de una mujer de 43 años, soltera, sin hijos y con una antigüedad de 19 años en el trabajo. Sin embargo, según Cordeiro, Guillén y Gala, el perfil de riesgo incide prioritariamente en varones divorciados con poca iniciativa, que declaran no haber tenido una buena formación, que trabajan más de 10 años en el mismo centro educativo y en colegios ubicados en zonas marginales, cuya edad oscila entre 31 y 50 años.

En nuestro estudio encontramos también un perfil del docente con estrés crónico: un varón casado de 38 años de edad, que labora en una institución al mínimo, con leve agotamiento emocional y severos grados de despersonalización y baja realización personal. De hecho, el índice de profesores que padece de síndrome de burnout es de 92,7%; de ellos, el 6,9% presenta síndrome de burnout en un grado severo. En el estudio de Marqués et al., de una muestra de 777 profesores, se encontró que el 36,6% percibe su profesión como moderadamente estresante; 42,7%, como muy estresante; mientras que el 11,3% la percibe como extremadamente estresante. En la investigación de Fernández, con una muestra de profesores limeños, 63,8% estarían expuestos a presentar síndrome de burnout a corto plazo, hecho que corresponde con sus declaraciones respecto de que los profesores de la capital presentan grados más elevados que los de provincias.

En cuanto a las dimensiones de síndrome de burnout, en nuestra investigación, 13,3% de docentes presenta agotamiento emocional, 51,5% presenta despersonalización, y 66,1% baja realización personal en grados severos. En el estudio de Restrepo et al., los niveles severos de agotamiento emocional y despersonalización alcanzan al 37% y 34% de su muestra (244 docentes), respectivamente; mientras los resultados de Arís señalan que el 46% de profesores presenta agotamiento emocional, 20% despersonalización y 48% baja realización profesional. En la investigación de Fernández, que es más próxima a las condiciones socioculturales de nuestra muestra, el 33,7% de los docentes evaluados presentan grados altos de agotamiento emocional, 33%, grados altos de despersonalización y 50% grados altos de baja realización personal. La realización profesional sería la dimensión más afectada en el caso de los profesores de estos estudios debido a la baja aceptación social que tiene y ha tenido la carrera docente en el Perú en estos decenios.

Además, hemos encontrado relaciones muy particulares entre las dimensiones del síndrome de burnout y las variables sociolaborales analizadas. De manera general, el tipo de gestión se relaciona con la despersonalización y la baja realización personal. De esta manera, los profesores de instituciones educativas de gestión nacional presentan mayor despersonalización y los profesores de instituciones educativas privadas presentan menos realización profesional. Este dato es congruente con un hecho percibido en las instituciones educativas nacionales y privadas, ya que, mientras en las primeras los docentes demuestran mayor distanciamiento con sus estudiantes, en las segundas, están expuestos a más trabajo dentro y fuera de la escuela. Este hecho deviene en su baja realización personal, más aún, si el sueldo que se recibe en las instituciones educativas privadas es en muchos casos inferior al que reciben los profesores que trabajan en colegios nacionales.

En ese sentido, hemos encontrado relaciones bajas y moderadas entre los ingresos económicos y la baja realización personal de docentes varones. Aunque la relación es baja y negativa, esto sugiere que en los docentes varones los ingresos económicos insuficientes les generan baja realización personal, debido quizá a la idea extendida en los países latinoamericanos, de que es el hombre quien lleva el dinero al hogar. En el caso de las mujeres, se hallaron relaciones similares entre los ingresos y el agotamiento emocional. Con respecto al estado civil, se han obtenido relaciones significativas con la baja realización personal de los profesores varones, ya que los profesores solteros presentan mayores grados de baja realización profesional, de manera similar a lo reportado por Fernández.

En cuanto al tiempo de servicio, hemos obtenido relaciones significativas entre el agotamiento emocional y esta variable para el caso de las mujeres, por lo que las profesoras que laboran más tiempo se encuentran menos agotadas, contrariamente a lo que se reporta en otros estudios. Sin embargo, en la literatura se han ofrecido algunas explicaciones para este hallazgo, ya que los docentes menos expertos suelen tener mayores sentimientos de ineficacia, lo que los conduce a desarrollar una sintomatología de desgaste por el trabajo.

No hemos encontrado relaciones significativas entre la edad y el número de hijos con las dimensiones del síndrome de burnout, como se ha hecho en otros estudios. Tampoco se ha valorado el nivel de enseñanza (primaria y secundaria) o la sobrecarga laboral, en función del número de instituciones educativas en que trabajan los profesores de nuestra muestra, como se ha investigado en el estudio de Fernández. Consideramos que estas limitaciones, si bien es cierto no nos permiten profundizar en las relaciones entre estas variables y el agotamiento emocional, la despersonalización y la baja realización personal; no restan relevancia a los resultados obtenidos. Sin embargo, una limitación que sí se debe superar en estudios posteriores es la representatividad de la muestra, ya que en esta oportunidad se realizó un muestreo no probabilístico.

Por otra parte, mientras los docentes varones presentan un grado severo de agotamiento emocional en el 14,2% de ellos, el 13,3% de las mujeres alcanza este grado de severidad en la misma dimensión. En otras palabras, los varones presentan mayor agotamiento emocional. Sin embargo, en el estudio de Ayuso y Guillén, las mujeres presentan mayor agotamiento emocional (53,9% frente a 46,2%). Con respecto a la despersonalización, el 55,1% de los varones y el 47,2% de las mujeres presentan grados severos en esta dimensión, con una media de 10,5 de baja realización personal, el 72,4% de docentes varones y el 58,5% de docentes mujeres obtuvieron grados severos en esta dimensión.

Todo ello, nos conduce a la conclusión de que los varones se ven ligeramente más afectados por el síndrome de burnout en un nivel moderado, aunque estas diferencias no son significativas. De hecho, el 93,7% de profesores presenta un grado moderado de burnout y el 6,3% poseen un grado severo, mientras que el 91,5% de las docentes presenta un grado moderado y el 7,5% muestra un grado severo de síndrome de burnout; es decir, el estrés es más severo en las mujeres. Por un lado, posiblemente, esto se deba a que las profesoras, además de desempeñar su rol profesional, tienen también mayores responsabilidades en casa para con sus familias, en comparación con los varones. Por otro lado, pudiera ser que la severidad del estrés se deba a un mayor compromiso en el trabajo, ya que se ha señalado que las docentes idealizan más su trabajo y tienden a demostrar mayor entrega. Este factor puede ser causa de estrés, si a pesar de sus esfuerzos, sienten que no consiguen los logros esperados.

Sobre este aspecto, sería necesario indagar más empíricamente; sin embargo, podemos decir que, si bien la mayoría de docentes varones presenta grados de estrés moderado, las docentes tienen un grado de estrés más severo. Estos resultados son semejantes a lo que encontró Fernández en una muestra de 264 profesores de Lima, donde las mujeres obtienen puntuaciones más altas en la severidad del síndrome de burnout. El hecho de que los varones obtengan valores más ligeramente elevados de síndrome de burnout en el grado moderado, pero no severo y de agotamiento emocional o despersonalización, o baja realización personal también puede deberse a que las mujeres cuentan con mayores recursos interpersonales, dada su apertura a la comunicación, la socialización y las relaciones menos superficiales con otras personas en diversos escenarios de la vida.

Como comentario final, podemos decir que, a pesar de la creencia generalizada de que la docencia es un trabajo sencillo y cómodo, esto no es así, ya que los docentes están expuestos a diversas fuentes de riesgo psicosocial como el estrés laboral, producto del contacto prolongado con los estudiantes, dentro de un contexto económico, social y organizacional, que les es muchas veces adverso. Para revertir los diversos riesgos psicosociales, hace falta investigar en mayor medida otras variables como los estilos de afrontamiento, la sobrecarga laboral, etcétera; pero también se deben implementar medidas organizacionales para capacitar a los docentes y fomentar formas de trabajo y relaciones laborales más saludables.





Extraído de
Síndrome de burnout en docentes de
Educación Básica Regular de Arequipa
Educación Vol. XXII, N° 42, marzo 2013, pp. 53-76 / ISSN 1019-9403
Walter Lizandro Arias Gallegos
Noelia Araceli Jiménez Barrios

martes, 18 de agosto de 2009

CAUSAS DEL ESTRÉS LABORAL

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No puede adoptarse una explicación simplista atribuyendo la causa de una situación crónica de estrés a excesiva presión en el trabajo, al “poco aguante” del docente, a la perversidad del sistema educativo, etc.

En los cuadros siguientes se presentan la gran mayoría de factores que influyen en la aparición de estrés laboral, comportándose como favorecedores de estrés o como reductores del mismo, según el factor en cuestión se presente en uno u otro sentido.


DEMANDAS DEL TRABAJO

Sobrecarga de trabajo

Ritmo de trabajo impuesto

Ambigüedad de rol

Conflicto de rol

Malas relaciones personales

Inestabilidad del empleo (sustitutos...)

Falta participación del docente

Carencias de formación

Grandes responsabilidades

Contexto físico peligroso


CARACTERISTICAS DE LA PERSONA

RASGOS DE PERSONALIDAD

Personalidad tipo A

Dependencia / independencia

Rigidez / flexibilidad

Temperamento ansioso

Introversión


RESPUESTA AL ESTRÉS

Conductas adaptativas favorecen equilibrio.

Conductas de lucha y huida propician el estrés

Conductas sustitutivas (comer, dormir, fumar, beber, hacer deporte... )

Õ Conductas de inhibición de respuestas


PROCESO DE APRECIACION DE LA REALIDAD (mecanismos de recopilación cognitiva)


PERCEPCION e INTERPRETACION influidas por circunstancias actuales (emocionales, etc.) biográficas (experiencia, formación, etc.) estilos cognitivos


VALORACION DEL MEDIO

Neutra - Positiva - Estresante


APOYO SOCIAL

Apoyo emocional

Apoyo evaluativo

Apoyo informativo

Apoyo material


SATISFACCION LABORAL

Contenido del trabajo

Organización del trabajo

Salario

Posibilidad de promoción

Reconocimiento del trabajo bien hecho

Estilo de mando (autocrático, paternalista, democrático)


CARACTERISTICAS DEL CENTRO DE TRABAJO

ESTRUCTURA FISICA

Tamaño del Centro Docente

Imagen social del Centro

Ubicación geográfica del Centro

Diseño del lugar de trabajo

Lejanía/proximidad al domicilio


ESTRUCTURA ORGANIZATIVA

Asignación de tareas

Estructura jerárquica clara

Relaciones interdepartamentales e interpersonales

Distribución del tiempo de trabajo/ocio



Extraído de:

EL ESTRÉS DEL DOCENTE DESDE LA PERSPECTIVA MEDICO-LABORAL.

Autora: Ana Gómez Seguí

Generalitat Valenciana

Consellería de Cultura Educación y Ciencia

Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf

lunes, 13 de julio de 2009

ALTERACIONES COMPORTAMENTALES EN DOCENTES






MANIFESTACIONES DE LA CRISIS:



El viaje de mil leguas comienza con el primer paso



Lao Tse.




Continúo con la publicación del extenso y valioso trabajo llevado a cabo en la Comunidad Valenciana. Los datos estadísticos están referidos a dicha comunidad, pero opino que tienen valor en casi todo Hispanoamérica. Al final del post escribo la dirección donde pueden hallar el trabajo completo.

INTRODUCCIÓN.
Al igual que en el ejercicio de otras profesiones de servicios sociales en las que el contacto con las personas usuarias es permanente (Enfermería, Trabajo Social...), el docente es el instrumento mismo de trabajo, mediador en interacciones de enseñanza/aprendizaje dentro de un contexto que actualmente presenta mayores exigencias.

Por ello, la investigación y el desarrollo de intervenciones optimizadotas respecto a la persona del docente debe cubrir la doble perspectiva de facilitar la consecución de los objetivos educativos y el desarrollo personal del profesorado.



En nuestro trabajo hemos constado que aquellas investigaciones que aportan estudios epidemiológicos y/o explicativos partiendo de Incapacidad Laboral Transitoria (ILT) son coincidentes en lo esencial con la investigación que viene desarrollando la Conselleria de Cultura, Educación y Ciencia, tanto en lo referente a la incidencia de las bajas laborales por diagnóstico psiquiátrico entre el profesorado, como en el tipo de procesos diagnosticados o en el análisis de factores causales.

Entendemos que la interpretación de los gráficos se efectúe con la cautela que exige la lectura de cualquier estadística y, en todo caso, considerando que la explicación de los hechos nunca viene dada por las cuantificaciones, sino que exige un esfuerzo añadido que fácilmente puede alejarse de la objetividad.

En este caso deberemos considerar que la valoración del incremento de la incidencia de bajas por diagnóstico psiquiátrico guarda relación con factores de análisis muy diversos y a veces contradictorios. Así, el aumento de bajas laborales por diagnósticos psiquiátrico es asociado al incremento de la conflictividad en las aulas y al incremento de las dificultades en el ejercicio de la profesión como factores generadores de tensión. Pero debemos considerar también que el aumento de personal docente de los últimos cursos posibilita una mayor incidencia y que hoy se han reducido las presiones para acceder a baja laboral por diagnóstico psiquiátrico al reducirse la carga socialmente peyorativa que tenían tales diagnósticos.

DATOS Y CONCEPTOS DE REFERENCIA.
A fin de analizar más datos, consideraremos la siguiente tabla, elaborada desde las estadísticas sobre absentismo por ILT, la cual muestra la distribución de bajas psiquiátricas por meses en Alicante y su provincia.

La uniformidad del patrón por que muestra el gráfico coincide con los datos de las Inspecciones Médicas de Castellón y Valencia y con otras investigaciones, como las desarrolladas en Málaga, Sevilla, Extremadura, Salamanca, etc. que se referencian en la bibliografía.

En ellas destaca el aumento de bajas laborales, y específicamente las de diagnóstico psiquiátrico, que se produce al avanzar los trimestres, y en especial al final del curso. La consideración de la acumulación de fatiga como factor causal se sustenta también en estos datos.
Como señalábamos la voz de alarma ya había sido dada por la OIT en 1983, y diversos estudios vienen aportando datos acerca de los factores causales y las manifestaciones del conflicto, así como propuestas de intervención preventiva que nos interesa considerar.

En el contexto valenciano, respecto a las causas atribuidas por los docentes, destaca la conflictividad con el alumnado y los conflictos con otros docentes, en los lugares 1º y 3º, que hacen referencia directa a problemas de disciplina y a enfrentamientos personales. Su proporcionalidad se muestra gráficamente en el correspondiente cuadro.

El factor agotamiento por la profesión, que ocupa el segundo lugar, se refiere a un concepto aparentemente más ambiguo, reflejando las manifestaciones de los docentes que sienten que ya no pueden dar más en la profesión, que se sienten agotados para continuar con el desempeña de sus funciones. Este aspecto merecerá una consideración especial al referirnos, posteriormente, a uno de los componentes del síndrome de burnout, el agotamiento emocional


Es obvio esperar que la conflictividad asociada a estos factores repercuta negativamente, no sólo en el profesorado, sino también en la calidad del desempeño de tareas del docente.


García Martínez, Jesús
Jefe del Servicio de Formación del Profesorado de la DGOIEPL de
la Conselleria de Cultura, Educación y Ciencia
Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf
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